09 julio 2018

Perfección

Hoy dejo que mi peso caiga. 
Las rodillas en la tierra.
Me rindo. 
Me rindo 
a la sabiduría 
de la creación.  
Dejo 
que mis hombros 
caigan 
y mis lagrimas 
también.  
Me rindo.  
Acepto lo que es
porque es
aunque no sea 
lo que yo quería 
que fuese.  
(cuando además es aburdo, 
porque ni si quiera 
se lo que quería) 
Es y punto.
Es 
y es tan fácil así.  
Me rindo a la sabiduría infinita
de mis pasos 
aunque lentos
certeros. 
A la lentitud
a la calma
y un lecho de algas 
en mi espalda.  
Soy y punto.
Soy. 
Inhalo, exhalo y poco más. 
Y en cambio...
Soy mucho más que mi nombre
Mucho más que mi cuerpo
y que la suma de todos mis cuerpos
soy eso que nadie puede nombrar, ni abarcar, 
ni si quiera yo, 
ni quiero,
en esta noche de grillos. 
Suelto 
la identificación
la expectativa
la esperanza incluso
el mañana 
el ayer
suelto
mientras camino 
por mi camino
con paso lento
y certero
suelto 
todo 
menos lo que se: 
que todo es perfecto. 

Invocación: confianza por Roxana

Confío en la sabiduría de la vida
que trasciende la mía propia
y me permite entender que
soltar y dejar hacer
hace que la magia suceda.

Confío en las sensaciones de mi cuerpo
cuando me transmite cosas
que mi intelecto desconoce.

Confío en la fuerza ilimitada
de la Madre Tierra
que me llega
desde los bosques, ríos, montañas...
y me nutro de su energía y pureza.

Confío en los ángeles
que de forma no visible al ojo humano
me acompañan, guían y protegen
cuando siento que estoy sola
para hacerme entender
que en realidad
nunca lo estoy.

Confío y me abro a la fuerza del amor
en todas sus formas
como fuente de liberación,
expresión sincera
y de corazón a corazón.

Que así sea y así es.
Y Así es.
Y así es.

03 mayo 2018

Invocación: confianza



Padre Sol
Gracias por iluminar
las posibilidades infinitas de un nuevo día.

Gracias por abrir las puertas de la conciencia luminosa
para que mi ser pueda expresarse
con gracia y alegría.

Hoy yo elijo corresponder
a tu generosidad
con generosidad.

Hoy elijo hacer girar
las aspas del molino divino
que habita en mi
al son de cada respiración.

Hoy decido que mi chispa divina
brilla y reparte lucecitas de color arcoiris
en todas direcciones
allá donde estoy,
expandiendo así la luz
que entra por mis poros.

Hoy elijo que mi corazón
vibra con la música del canto de los pájaros y el baile de las hojas de los árboles
y que mi voz
es el bálsamo de verdad y humildad
que el mundo necesita.

Hoy me fundo con la suavidad del amor que habita en mi
y soy caricia infinita
con el otro y con el universo

Hoy saboreo cada uno de los alimentos que me son regalados
me dejo nutrir por ellos
y por el agua sagrada que me sana y me renueva.
Y con cada sonido de placer
brota una nueva flor
en los campos fértiles de los corazones.

Hoy soy una con todo.
Me siento sostenida y querida por la Madre Tierra
me siento bendecida por sus bondades
me siento agradecida por sus gracias
me siento capaz de acoger todo lo que este día traiga a mi camino
con entusiasmo.

Hoy soy la paciencia y compasión infinitas
hacia todos los seres sin excepción.
Pues eso es la Pachamama
y eso soy yo.

Hoy soy Dios en acción,
soy confianza radiante,
soy imán,
soy todo lo que quiero ser y así lo manifiesto.
Soy mi mejor versión.
Soy gracia y gozo fundida por la vida en un baile infinito y juguetón.
Y todo llega a mi de igual manera: con gracia, gozo y facilidad.

Cuando cae la noche
dejo que mi espalda se apoye en la Tierra
y que mi corazón satisfecho* salude y sonría
a la luna
y a las estrellas.

Dejo que la calma y la tranquilidad de la noche
sean la nana
del abrazo cálido de mi padre Cielo.

Y aún antes de viajar al mundo de los sueños digo en un susurro una vez más:

Te amo
Me amo
Gracias.

* Las generadoras decimos 'satisfecho', las proyectoras 'exitoso', las manifestadoras 'en paz'

20 febrero 2018

Estar mal y sus inconvenientes.

Un cocodrilo intenta desangrarme hincando sus dientes en uno de mis brazos, pero yo los mantengo firmes contra mi cuerpo y le acompaño mi cuerpo pegado al suyo en su giro frenético bajo el agua. Siento el mareo, la falta de aire, las limitaciones de mi condición de humana y sin embargo, siempre tengo la fe. La fe y la certeza de que todo pasa.

En lo que pasa recuerdo lo bien que estaba cuando estaba bien y agradezco haber sido capaz de agradecerlo y explotarlo al máximo. Y, sin embargo, ahora no soy capaz de salir de este remolino de agua y escamas. No soy capaz. No soy capaz. Ningún mensaje me inspira. Los días pasan como cualquiera. Mi risa se ha transformado en una llamarada de aliento fétido. Sapos y culebras salen por mi boca. Humor ácido. Las palabras. Pomelo mix. Mi bufanda se hunde en el puré de calabaza y jengibre que acabo de preparar y quisiera que el mundo estallara en mil pedazos. Sin embargo, solo puedo, ridícula de mi, quitarme la bufanda, arrancarla torpemente del cuello, no sin provocarme antes un poco de quemazón por el roce de la tela, y tirarla al suelo y cogerla con todas mis fuerzas y... meterla en la lavadora. Acto seguido me echo a llorar. No puedo más. Ni con la bufanda, ni con mi aliento, ni con mi malestar interior. Me rindo. Me duele el cuerpito. Las lumbares lo que más. Un principio de dolor de cabeza sinusal se ha transformado ahora en un cuadro de mocqos, tos y malestar generalizado, incluyendo pituitaria, vesícula biliar y demás órganos impracticables. Tristeza, vacío interior y un aburrimiento profundo acompañado de una ansiedad galopante completan el cuadro de dolor.

Me rindo. Además, no me queda otra. A mi alrededor todo se ha dispuesto para que yo me agarre a mi misma y me haga fuerte. Fuera nada ayuda: indiferencia, negación del malestar, falso optimismo, negación de tu estado de vulnerabilidad, falta de escucha real, consejos presumidamente elevados para salir del paso y llamadas interesadas en aspectos de mi ser que nada tienen que ver con mi ser, me acompañan, me exasperan, me irritan profundamente. Las observo a todas y las observo en mi. Son demoledoras. Pareciera que alrededor hay un montón de personas dispuestas a cuidarte y, en realidad o no quieren o no saben hacerlo. Para eso es mejor estar en una isla desierta. Y, de hecho, en eso me convierto. Una isla inaccesible en la Castilla sin botes ni remos.

Y después, en una isla de meditación, de silencio y de escucha activa. Una isla mágica que me ha sacado de las garras del cocodrilo en dos horas. Son los círculos 'awakin' que celebramos en Burgos todos los lunes. Encuentros bellos en los que compartir silencio, habla y escucha activa. Hasta que no se vive no se sabe lo sanadora que puede ser la escucha activa. Sino, que le pregunten a todas las personas que se gastan 250 pavos al mes para sentarse a ser escuchadas por una psicóloga una vez por semana.

Creo que Mr wonderful y todos los mensajes optimistas y buen rollistas que nos rodean son fantásticos. Un mundo más positivo y mejor, donde establecer mejores relaciones entre nosotras y con el medio solo puede venir de nuevos mensajes, bonitos mensajes que nos lancemos una y otra vez. Pero. Pero, amigas, ay, cuando estemos mal, tristes, apáticas, irónicas, jodidas, cansadas, heridas, doloridas, ansiosas, loqueseaquenospase que sea más bien de la onda de Mr Puterful, entonces también debemos dejarlo salir con la misma naturalidad. Dejarlo salir y acogerlo con la misma neutralidad. Cuando alguien nos dice que está super contento, ¿verdad que no le decimos que mañana seguro va a estar super triste? Entonces ¿por qué lo hacemos al contrario? Verás que mañana estarás mejor. Me dicen. O no. Respondo. Y la otra persona colapsa. Ojo izquierdo se cierra, un silencio eterno baña la habitación. O no. Y no pasa nada. Estoy mal. Pero no pasa nada. No me voy a morir de esta. Y si así fuera, tampoco pasaría nada. Digo. No hace falta decir nada. Ni recordarle a la otra persona que una vez tu también estuviste fatal, ni menospreciar su dolor, ni obviarlo, ni darle un consejo si no te lo ha pedido.

Quizás lo mejor sea decir simplemente: 'te comprendo, estoy contigo. Si me necesitas silba'. Otra opción puede ser dar un abrazo (no obligado), que es otra manera de decir 'estoy presente para ti' .

Y aquí paz y después gloria. O no.


Love.

26 noviembre 2017

Ir a Apu Linli y ofrendar

- ¡Wachuwa! - le llamo a través de la puerta de su casa.

Me encuentro con una de las chicas con las que hice temazcal ayer. Tremendo viaje. Creo que volví tan emocionada que, por eso, de pura emoción, hoy me he despertado a las 5. Charlo un rato con ella, en plan cordial. Y vuelvo con Wachuwa.

- Hoy quiero hacer una caminata pequeña. Ojalá volver para almorzar.- le digo.

Intentamos ir a Kinsacocha pero no hay colectivos. Ya es muy tarde. Son las 9. Así que nos vamos al Apun Linli, que está aquicito no más.

- ¿Tienes comida? - me pregunta.

Sí, tengo uvas, platanitos y manís (cacahuetes). Pero tal vez puedo comprar más cosas en el mercado de camino.- le digo. Así hacemos. Compro otra bolsita de manís y dos juguitos: uno de chica morada y otro de quinoa. Riquísimos. Al volver, una mamita con flores me dice 'llévese señorita'. Y eso hago, compro un ramo de claveles.

Wachuwa me pide que compre 5 cigarrillos, también. Le pregunto que pára qué. Me dice que ya veré.

Empezamos la caminata. Le digo que unas amigas y yo queremos ir a Machupichu y que estamos buscando guía.

- Yo os puedo llevar.- dice.
- Sí, pensé que serías un guía excelente.
- ¿Son todas españolas?
- 4 españolas y una americana.
- Osea que voy tener que aguantar a toda la colonia. Es broma.
- Ay... si el mundo fuera un matriarcado, cuantas cosas serían distintas. - digo.
- En la costa había sociedades matriarcales preincas. Muchas.

Habla de una figura, de una sacerdotisa, que muchas peruanas quieren emular. El camino se ha empezado a poner difícil y pintiagudo, así que la conversación va menguando. De pronto, unas gentes con ropas coloridas cantan y tocan canciones alegre con flautas agudas y bailan en círculos. Están pidiendo para que llegue la lluvia. Hoy muchas comunidades están de celebración. Después me entero que también se celebra el hecho de que ahora más que nunca el mundo de los vivos y los muertos está cerca. Así que también con la celebración se conecta con los espíritus. Algo así.

Seguimos caminando. Por momentos los pies se me resbalan para abajo de tan empinado que es el camino. En un punto Wachuwa se para y parte una rama de eucalipto. Me lo ofrece como bastón. Le agradezco el gesto. Pero, por momentos el camino es tan estrecho que el bastón no sirve. las zarzas por un lado van arañando mi piel, por otro un desfiladero pone a prueba mi miedo a las alturas y/o a morir desnucada por un canto. En estás caminatas, pienso, más vale dejarse de artilugios y ponerle corazón (por no decir otra cosa).

Llegamos después de una horita y media a un llano, una ruina y el Apu Linli de fondo con sus picos imponentes. Después sabría que es el Apu más alto de la zona. Hemos llegado donde queríamos. Me dispongo a hacer mi ofrenda, ya media coronita de flores hecha. Cuando Wachuwa me interrumpe.

- ¿Has hecho esto más veces?
- Si.
- Nosotros hacemos de otra manera.

Me dice que hay que presentar primero respetos al Apu. Presentar las ofrendas a las cuatro direcciones y muchas cosas más. Después de un momento de vacilación: por un lado, me quiere explicar, por otro dejarme hacerlo a mi manera, me rindo. Le pido que me enseñe, que lo quiero hacer a su manera. Así que, con mucha paciencia y corazón, me va guiando y yo voy haciendo. A veces se desespera, porque lo que para él es obvio para mi es completamente nuevo. Pero bueno, ahí está. A penas tiene 25 años, pero cuando empieza a hablar de su cultura, de lo que hacen porqué lo hacen, de las deidades, del significado de cada cosa, parece un gran abuelo. Tanto que, terminado el ritual de la ofrenda, siento una gratitud profunda. La palabra respecto retumba en mi cabeza y siento ganas de llorar, de arrodillarme, de nosequé. Pero lo único que digo es gracias.

- Gracias, de verdad.
- De qué - responde él y se sonríe.

Desde que nos conocimos no para de decirme que la gente quechua-hablante está celosa de compartir su saber. Que siempre se van a quedar con algo sin enseñarte, porque no se fían de los blancos. Lo entiendo perfectamente, le digo. Después de años de explotación y expolio de la tierra y las gentes para beneficio ajeno, lo que no me explico es como siguen siendo tan amables con nosotros, pienso.

- Entonces, ¿por qué me has enseñado a mi? - pregunto.
- ¡Porque tú compraste las flores! Pensé que nada más querías pasear...- dice como diciendo una obviedad.

Doy gracias a la serie de desencadenantes, bastantes, que han hecho que yo comprara flores. Y me sonrío de lo mágica que puede ser la vida. Ha sido un momento bellísimo: él enseñándome y yo aprendiendo. Y pienso en lo bonito que sería que él estuviera presente en mis sesiones con Victor Pauccar. Pero la vida tenía otra cosa preparada para mi. Sin saber cómo él se ofrece a iniciarme. A hacer el Karpay. Me sonrío por dentro. Este valle no se llama sagrado por casualidad. Aquí no necesito verbalizar nada para que ocurra. Pienso y ocurre. Muchas veces. Acepto de muy buen grado que sea él quien me inicie. ¡Viva la vida!- pienso.

Arreglamos las condiciones económicas y, además, él quiere que trabaje con niños aca antes de irme. Me parece una idea deliciosa. Además, para bien o para mal, he conocido a algunas gentes vinculadas con proyectos educativos pepino en la zona, así que será fácil.

El día está como nublado, pero hace buena temperatura, así que estamos ahí un ratito charlando sobre muchas cosas. Me dice cómo voy con los piojos. Le digo que aún me pica. Se ofrece a mirarme y , nuevamente, me quita unas cuantas chías (huevos). Utilizo mi chaqueta como almohada y, al terminar, al darme la chaqueta de vuelta, descubre que es de la marca 'Quechua'.

- ¡Es una marca! - dice abriendo mucho los ojos y la boca. No se lo puede creer.
- Una marca. - repite.

Seguimos charlando de energías, de cómo trabajamos con ellas uno y otra, le hablo del diseño humano, del Decatlon, de los precios en España, de los olivos de Ibiza (le encantan), de la medicina ayurvédica, hablamos de los pachamamosos (Así llama a las personas que, falsamente, se sienten conectados con su cosmovisión). Me estoy quemando la piel con el sol, lo siento, pero estoy tan a gusto que no quiero bajar.

De pronto un rebaño de ovejas, una de ellas negra, con un perro negro precioso, Rambo, bajan del Apu. Una figura humana vestida con muchos colores baja con los animales. Me creo que será una mujer, como casi siempre,y me pregunto mentalmente si la gente joven no seguirá pastoreando. Nuevamente la realidad se manifiesta como siguiendo mis pensamientos y descubro que es un chico el pastor. Tendrá 11 años o así. Wachuwa le ofrece algo de la fruta que nos queda. David, el niño pastor, acepta de buen grado.

Él le pide en quechua que cuide de que las ovejas no se coman mi ofrenda. Y bajamos. Casi todo el camino yo cogida de su hombro porque sino me resbalo por el camino. Me sorprendo una y otra vez de su agilidad. Yo a veces tengo que marcarme un Homai y bajar el culo al suelo, porque sino me caigo y él baja corriendo. Me rindo ante todo lo que él representa y es.

Llegamos a Pisac de vuelta a las 5. Justo cuando el turno de comidas ha cerrado y el de cenas aún no ha abierto. Tengo un hambre que me duele hasta la cabeza así que compro unos panes, palta, tomate, para hacer un picnic junto al río escuchando las canciones infantiles de un show evangélico. Nos hace gracias. Da pena ver el río. Con las aguas sucias. Hace unos años se podía pescar, pero ahora está contaminado de las aguas residuales de Cusco, me dice. Hablamos de los ríos. Pero la conversación ya no fluye igual. En la ciudad todo es distinto.

Volvemos de camino a casa. Pero antes de ir cada uno a su sitio queremos comprobar si la piedra que cogí del Apu, negra, divina, tiene propiedades magnéticas, como las que él utiliza. Entro a su casa, con sus telares, sus lanas, sus tinturas, sus tejidos por el suelo, por las paredes y agarra la guitarra.

- ¿Sabes cantar, o tocar algo? - me pregunta.
- Sé cantar y desde ayer, me he dado cuenta de que sé tocar el tambor.- digo entre risas.

En la ofrenda de hoy no se me ocurrió qué cantar, mientras colocaba las flores. Estaba un poco acobardada, le confesé. Así que yo iba colocando las flores y él, a petición mía, tocaba con la flauta melodías bellas. Ahora, antes de cerrar el día, me quiere enseñar una canción para que, en la próxima ofrenda, tenga algo alegre para cantar. Y eso hace. Y yo, agradezco.

Me voy a casa con mucha gratitud. Y con mucho escozor también. Por segunda vez en el Perú, me he insolado. Mi cara y mi escote están rojos como un pepino. Me siento estúpida por no haberme protegido. Imbécil. Otra vez echa un cangrejo y las molestias, la piel tirante, el calentón, el aceite de Argán que me regaló Josi. Jarl.

Al día siguiente tengo que cancelar nuestro paseo a Kinsakocha y me dedico a escribir y a comprarme un sombrero. A ver.











24 noviembre 2017

Ir al apu Ñusta a buscar mi primera cuya

Me levanto como un cobete*. Un poco sobresaltada porque es tarde. Son las 8. Desde que llegué al Perú, voy mas o menos con el sol. Me acuesto a las 8/9 y me levanto a las 6/7. Justo hoy que tengo que ponerme en marcha, me levanto tan tarde. Ayer fue un día increíble; conocí a Victor Pauccar que, si nada cambia, será el Q'ero que me inicie en la tradición inca, y conocí a Marcela Pantigozo, la persona que me enseñará a trabajar con los cuatro elementos. ¡Guau! ¡Con razón anoche no me podía dormir!

Como digo, me levanto torera, energética y con ganas de comenzar la nueva tarea que se me ha encomendado: reunir 12 piedras de 12 apus distintos (montañas sagradas) para mi mesa (altar). Por suerte para mi, solo alrededor de Pisac (donde estoy viviendo) hay 10 Apus. Me visto rápido y voy al mercado a desayunar donde mi mamita habitual. Por 3 soles cincuenta (1 euro) me sirve un mate de muña y un bocadillito de huevo con queso con tomate. Allí sentado hay un chico. Lleva los calcetines por encima de los pantalones. Me encanta eso, no me preguntéis porque. También lleva, colgada al cuello, una chacana enorme. Hermosa. Decido empezar por ahí.

- Qué chacana más grande.
- Si, es mi trabajo.
- Yo lleve una chacana parecida mucho tiempo.

Me acerco.

- Es cuarzo verde, ¿verdad?
- Si.
- La mía también era de cuarzo verde.
- ¿Si?

Mete la mano entre el cuello de la camisa de cuadros azules y su pecho, se desata el nudo del cordón. Me pide que abra la mano izquierda. Y me coloca una chacana de cuarzo verde chiquitita en la palma de la mano.

- Gracias-  le digo.

En verdad este cristal me hará bien. Llevo días que me duele levemente el pecho. Lo agradezco desde lo profundo.

Empezamos a hablar. Realmente, me he levantado tan torera que habría hablado hasta con una farola, pero resulta que es un chaval la mar de interesante. Es muy curioso de su cultura, preinca wari e inca, se ha caminado todo el valle sagrado solito, es un chico curioso que, si bien nació en Ayacucho, vive en el valle desde que tenía 15, edad a la que se independizo y montó una escuela de saberes ancestrales. Muy majo. Muy despierto. Se llama Wachuwa.

- No confundir con Wachuma- me dice.

Y nos reimos. Wachuma es otra forma de llamar al San Pedro, una planta medicinal muy usada en la zona y especialmente aquí, en el 'Disney de las terapias' - así se llama también con cierto desprecio a Pisac.

Le digo que mi misión para hoy es recopilar una piedrita de algún Apu cercano. Le digo, emocionada, que he conocido a un Q'ero y que me iniciaré con él. No dice nada. Me propone caminar el Apu Ñusta y después ir a Pachatusan.

- Serán unas 7 horas.
- Vale.

Me mira de arriba abajo.

- ¿Estás segura?
- Si, claro. Yo tengo que juntar 12 piedritas.

Me pone cara rara.

Decidimos que vamos a ir a mi hostal para recoger algo de fruta y comida, el cuchillo y mi chaqueta. Justamente descubrimos que somos vecinos. Así que él aprovecha para coger sus cosas. De camino le confieso que creo que tengo piojos. Se rie. Le digo que creo que los cogí en la casa del q'ero en la que estuve. No le interesa. Me dice que sabe reconocerlos y que, si quiero, luego me mira. Llevo días con picores en la cabeza, así que la sola idea de aliviar eso, me alegra. Wachuwa es un chico salvaje, en el mejor de los sentidos. Conectado con su tierra, con su historia, con sus raíces. Me gusta.

Cogemos un colectivo (una furgoneta de unas 10 plazas) que nos deja en el pueblo más cercano a Ñusta. Desde el bien principio las cuestas con harto empinadas, y sería así todo el camino. Así que la dinámica del viaje es Wachuwa delante caminando ligero y yo detrás caminando con dificultad, sintiéndome pesada a cada paso. No se porqué, además, me levanté con dolor de gemelos. A cada rato se para, mano en la cadera, mirando para mi, esperándome. Yo juego el papel de la gringa quejicosa y a cada rato le digo que, técnicamente, ya estamos en el Apu Ñusta y ya puedo recoger la piedra. Él se ríe. Se ríe como con vergûenza, agachando la cabeza y moviéndola a los lados ligeramente. Es un gesto que me recuerda a mi primo Héctor, eso y la forma de sus dientes y su boca, y algo en su actitud también. Cuando se lo digo se molesta... 


Conoce bien las plantas, así que me va explicando curiosidades. Un bicho que vive en la papa que sirve para curar berrugas, mira, ahí hay cebollas chinas, para los chifas. Él, como dice, va disfrutando de mirar 'los sembríos'. Sobre todo, me habla de un captus (así dice) que tiene unas espinas como un demonio. Me dice que en Semana Santa las gentes buscan uno con forma de cruz y lo llevan a sus casas. Así se simboliza la figura de Jesús. Claro, digo, 'con esas espinas, no hace falta ni estaca ni corona de espinas ni na, qué simbólico'. Si, dice él. 'También atrae la abundancia', cuenta. 'Si se te clava una de la espinas, para sacarla hay que hacerlo con mucho cariño, con mucho amor, como quien intentara calmar el llanto de un bebito', dice. Me parece hermoso ese símil. Después, en la bajada del camino, me cuenta también que ese captus sirve para poner a prueba tu conexión con la Pachamama. Y así los varones y las mujeres 'botan las espinas arriba' y al caer juegan con ellas a pecho descubierto. Tremendo captus, pienso.

Su compañía es agradable, a veces me cuenta cosas, otro mucho rato vamos en silencio. De pronto nos encontramos con Sirila, una mujer de la zona que nos dice que porqué no vamos en carro hasta el Apu. Y, después, con un grupo de hombres trabajando en una casa. Después de un cruce de frases si ninguna conexión la una con la otra, me ofrecen chicha, maíz fermentado, sería como la cerveza local. Rechazo amablemente la oferta. Lo que me faltaba ya, subir borracha. jajaj sigo con mi día torero, así que voy saludando a cada uno de los burritos que nos encontramos, a un grupito de chanchitos negros adorables, a las gallinas. De vez en cuando me doy la vuelta y observo el paisaje, el valle, las chacras tan verdecitas, tan alineaditas, tan bellas. Voy...jodida pero contenta, como diría la Buika.

Sin pensar, miro al suelo y veo una piedra brillar gris metálico. La cojo. Tiene forma de luna. Me gusta. Pero pesa un quintal. Después otras piedras moraditas me llaman la atención con su brillo. Y después una blanca con notas moradas también que me da Wachuwa. Recojo tres de ellas. Ya decidiré mas adelante, o tal vez con ayuda de Víctor, con cual quedarme.

De pronto hacemos un alto en la camino. Nos sentamos. Me dice si quiero que me mire los piojos. Se sienta con las piernas abiertas y me ofrece un muslo para que apoye la cabeza. 'Si, si, tienes chía'. Me río. 'Chía, así decimos a las liendres. ¿liendres? Si. Es gracioso. A los piojos, no se porque, los llamamos usa'. Nos reímos los dos. Mientras me despioja, yo con los ojos cerrados y él contándome historias de Pachacutec y Huascar y de la cosmovisión inca. Momentazo.

- ¿Quién te iba a decir a ti que hoy te ibas a subir a la Ñusta a despiojar una gringa?- y me río.

La vida es muy caprichosa, pienso.

Me sorprende, porque a él le sorprende más el hecho de estar en la montaña que la cosa de los piojos. Es un chico salvaje, como digo, y con unas uñas andinas estupendas para la labor. Comemos unas peras, unas pecanas (anacardos) y seguimos el camino. En una cresta se alborota. 'Mira, ven, ven, un águila grandazo'. Pero para cuando llego ya se ha ido.

Le pregunto por dónde vamos a seguir. 'Por la lomada como unas 2 horas y media', me explica. 'Por la eslomada, querrás decir', le respondo. Y me retroncho de la risa cual tarada en un día torero. Después le explico para que él entienda. Sigo jugando el papel de la gringa quejicosa que ya solo quiere bajar. La verdad es que estoy cansada de subir, pero la idea de recoger dos cuyas en un día me tienta. Él me mira atentamente y no cree que esté preparada para seguir. Me ofrece bajar trescientas veces hasta que me rindo.

Pero antes de bajar quiero dejar una ofrendita por las piedras que me he llevado. Saco mi bolsita de hojas de coca. Escojo tres. Cuando me agacho para dejarlas en el suelo, Wachuwa me indica otro lugar.

- La naturaleza es generosa.- dice.

Y me muestra un lugar que está a cobijo del viento. Dejo las hojitas de coca, agradeciendo al Apu.

Han pasado 4 horas desde que empezamos la caminata. Y empezamos a bajar por otras dos horas por un camino en zig zag que a veces desaparece. Por suerte, Wachuwa conoce bien el camino. Es genial que haya venido conmigo, realmente. De pronto, me dice que quiere hacerme unas 'trenzas campesinas', como las que llevan las mujeres aquí. Realmente, será el peor día para hurgarme en la cabeza, 'ayer no había agua caliente en el hostal', le confieso. Pero él es un niño salvaje. Así que, después de una segunda exploración, en la que encontramos el primer usa, me hace unas trencitas majísimas.

- Son las primeras trenzas que me hacen desde que me rapé el pelo. Eso afianza la sensación que he tenido desde unos días atrás de que volveré aquí a estar un tiempito más- le digo.

Lo sentí fuerte. Veremos.

Después de otra paradita seguimos el camino, alegres. Recojo unas hojas de eucalipto y unas ramitas de Muña. Celebramos que no haya llovido al final.

- Claro, esque he dicho 'Para**, para'. Y, entonces, la lluvia ha parado. Estoy empezando a controlar los elementos.- Le digo con mi tono torero del día.

Él se ríe por no llorar.

Y así volvemos a Pisac, en otro colectivo, con las piedras en mi poder y las piernas doloridas y el corazón contento. Vamos a cenar un menú. Le invito en agradecimiento por quitarme algunos piojos. 'Yo mas bien te agradezco que me dejes ir a la montaña contigo', me responde.

Gente linda, la peruana.

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*Muchachada Nui siempre en mi corazón
** Para es lluvia en quechua