Mostrando entradas con la etiqueta Microhistorias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Microhistorias. Mostrar todas las entradas

15 noviembre 2024

08 abril 2023

#35

 A lo único a lo que se entregaba profundamente Don Lamento 

era la caminata vespertina que realizaba todos los días 

a la sombra de sus posibilidades 

(y volver).

09 febrero 2019

El misterio de los pendientes.

Al salir de la ducha, rescaté un pendiente con su tuerca, de la rejilla. Lo volví a ensartar en la oreja. Me sequé el pelo y me fui a la cama. Estaba pa choped, ultimamente no conseguía descansar bien. Dormí sola. Amanecí desorejada. Ni rastro de los pendientes, ni las tuercas en toda la casa.

Hasta hoy.

31 mayo 2017

Encuentro en la cocina

Fiesta de inauguración de un espacio bello en Ibiza. Muchos corazones conocidos, amigos, amigas, Lutece, Arjajan, Eywa, mucha gente sonriente y mucha otra gente que no se de quién son. La charla con Ann y las chicas se interrumpe con las estrellas y nos vamos. Recogemos cojines y pa dentro. Musica tranquila suena. Silencio alrededor. En la cocina una chica.

- Hola
- Hola
- No se dónde podría calentar esto.
- Mmm... ¿tal vez en una de esas cazuelas?
- Si
- No se cuánto quieres calentar.
- Todo. Pa quien quiera. Me lo han regalado. Está buenísimo. Lleva pescado pescado por un chico hoy. ¿Te das cuenta?- y se ríe.
 - Jolín, qué carambola más buena.
- Si. Está buenísimo.

- Toma - y le alcanzo la sarten más grande de las alturas de la cocina.
- Gracias.

Silencio fuera. Gente recogiendo cosas.

- Bueno, en realidad yo me estaba llendo.
- Bueno, pues un placer.
- Lo mismo digo
- Bonitos ojos
- Lo mismo digo

Y reimos. Y nos damos las manos.

- Qué manos más frías.
- Siempre. Es normal.
- Manos frías, corazón caliente.

Y nos damos las otras manos.

- Yo vengo toda acalorada
- Así te siento- y sonrío. Somos el contrapunto perfecto.

Y reimos. Y nos abrazamos.

Y nos respiramos.

- Hasta pronto
- Hasta pronto
- Que descanses
- Y tú que lo disfrutes

Y reimos.

Y cojo la bici de vuelta a casa.


14 febrero 2017

Lo que no le dijo.

Sus manos parecía sucias, pero no lo estaban. Movía nerviosas un cigarrillo entre los dedos. Podría haber sido la etiqueta de un yogur, o un trozo de papel cualquiera, pero era un cigarrillo. El objeto que pasaba de una mano a otra, de un dedo al otro, era un cigarrillo.

Ella observaba.

Él dijo. A veces no hay que sonreir. A veces está bien no sonreir.

Ella observaba esas manos que, sin estarlo, parecían sucias. Seductoramente sucias.

Ella pensó. Cada sonrisa es una victoria consumada.

Él encendió el cigarrillo.






10 febrero 2017

Imágenes

Camino por la carretera. Al lado de la carretera. En Ibiza acaso te juegas la vida a cada instante. Acaso te encomiendas a los angeles y a Los Santos y el corazón se te ensancha con la confianza. Camino a paso lento dirigiéndome a la casa en la que comienzo hoy a cuidar de un niño.
Una imagen se cruza. Un jeep pasa a mi lado a toda velocidad. Un perro asoma la cabeza por la ventanilla. Un perro negro-marrón de pelo corto. Rotbailer ¿como se escribirá esa raza? La lengua y las orejas, por efecto del viento a la contra, se le van para atrás bamboleando, golpeando a destiempo las carnes, la chapa, las carnes, nada. Y sus ojos, en cambio, miran al frente juguetones, desinteresados, inocentes. Es una imagen bonita. Debe serlo porque me sonrio. Los humanos solo sacamos la cabeza si estamos en un descapotable, es curioso. Me hace gracia ese perro sin más y su lengua al aire. Acaso la vida no sea más que eso: mirar palante disfrutando de que el viendo mueva tu melena a tu paso por una carretera. Haya alguien en el margen  mirando o no. Qué tontería. Tampoco hay que sacar conclusiones de un perro con la cabeza fuera de la ventanilla de un jeep. ¿O si? No sé, solo estoy empezando de nuevo.

12 febrero 2015

#33 Duda

No sé si me dijo que daba clases de español para inmigrantes o para extranjeros...

16 febrero 2014

#30

Nadie le avisó que pasaría relamiéndose durante años. Sin pensarlo, mordió ese trozo de carne.

22 septiembre 2013

Hacia lo salvaje

Era una tarde de noviembre y la niebla traspasaba los troncos de los árboles. Era una tarde de domingo en la que la soledad solo se interrumpía por el canto de los pájaros invisibles. La nubes habían decidido no ceder. Habían decidido imponer su hastío a las que allí estábamos. Y ni un solo rayo de sol se atrevía a hacerlas cambiar de opinión. 
Así que allí estábamos. Una hormiga cargando con un grano de cereal. Un saltamontes, saltando por saltar. Una mariposa de arena y otra de metal, volando por volar. Algunos bichitos innombrables por desconocidos, los pájaros invisibles, la niebla y yo, dejando pasar las horas de esa tarde aburrida. 
Esto era in instante. Y al otro, la hormiga se para y me mira. Y al otro, un disparo en la niebla rompe el vuelo de la mariposa y el canto de los pájaros invisibles. Y empiezan a volar en desbandada primero y después ya todos juntos. Y la mariposa se posa y, a lo lejos, ladra de miedo, casi llora, un perro. 
Lo imagino, allá a lo lejos, ladrando fuerte, bien estirado en un instante. Y al otro, revolcándose en los campos o frotándose contra los troncos de los árboles, dejándoles las grietas llenas de pelo. Y al otro corriendo se forma confusa, sin orden ni dirección.  
La niebla se atraviesa con otro disparo. Y yo dejo de imaginar al perro. Imagino, esta vez, una perdiz cayendo en alguna parte, la sangre, las plumas sueltas. O una liebre interrumpida en su carrera, convertida en un trozo de carne. Y salgo corriendo. 
Corro como si estuviera en Siria y un avión sobrevolara mi cabeza. Corro sin esquivar los cardos, ni los arbustos, ni las piedras grandes. No las esquivo porque no puedo mirar al suelo. No las esquivo porque no hay razón para ello. Corro hasta el infinito. Hasta que mis piernas ya no pueden más, hasta que mi boca ya no puede estar más seca, ni saber más a sangre. Hasta que la saliva ya no puede ser más densa. Corro hasta que mi respiración ya no puede ser más anormal. Corro hasta que decido parar. Y entonces,  salgo al camino y me dejo caer.  
Observo mis pies, de tierra, y mis rodillas, rotas.  Mi respiración, entrecortada. Y en la ropa, los restos de la huida, las bolitas de cardo, los restos de paja, de hojas, de polvo. Los rasguños en los tobillos, la piel de gallina y el sudor, frío. 
Me dejo caer en el camino y cierro los ojos. De pronto todo da vueltas, todo es frenético y está vivo. Tomo una bocanada de aire y expulso mi voz de ahí como si quisiera deshacerme de ella. Grito hasta que se desgarra, hasta que la voz ya no es voz, sino aullido.  
Eso es un instante, y al otro, el cielo sigue cerrado. La hormiga, otra hormiga, carga con un trozo de espiga. El saltamontes vuelve a saltar. La mariposa de hielo vuela por volar y los pájaros invisibles han vuelto. Respiro hondo. Al otro instante me levanto. Al otro, aparto el pelo de mi cara. Al otro, echo a andar, tranquila. Y al otro, vuelvo a casa, satisfecha de haber roto lo aburrido de esa tarde de noviembre. 
Al otro, tomo un té con miel y limón. Al otro, dejo que el agua resbale por mi piel. Al otro, me meto en la cama. Al otro, duermo. 

18 marzo 2013

#29

Mrs. Woman cerró la puerta de Ayer. Mientras esperaba en la estación, pensó en todo lo bueno que quedaba por venir Mañana.

25 octubre 2012

05 octubre 2012

Microrrelato gastronómico


- Con sus gambitas, sus almejitas, su ajito, sus esparraguitos, sus guisantes, una buena merluza… –dijo Fede. 
 -       A la vasca –interrumpió Santi-. Ya echo de menos yo un buen plato, ya, y no la comida a granel que nos ponen aquí. 
 -       … con su huevo duro, con su vinito blanco, su aceite de oliva…  -continuó Fede-. ¡Qué ganas de cocinar en condiciones, joder!
 Y sonó el timbre, como todos los días, a la misma hora, desde hacía diez meses. 
 -       Vamos, anda –dijo Santi.
  
Y salieron al patio.


Este fue el microrrelato que presenté al concurso '100 palabras para comérselas'. 
Me encanta ver que el que ganó estaba realmente delicioso.

25 agosto 2012

23 agosto 2012

Indescriptible


Hace años que vendimos la casa. Nos convencimos de que aquella era la decisión correcta. Aunque era imposible definir a qué olía, aún puedo recordarlo. Ese olor… Cada vez que lo evoco, vuelvo al que ha sido mi único hogar en el mundo. Y cierro los ojos.

Puedes leer más y mejores en eskup 

12 agosto 2012

11 agosto 2012

Cada tarde

- Vamos, anda, que desde que dices vamos hasta que nos vamos, parece que no nos vamos.
- Pues sí que nos vamos, vamos.
- Pues vamos.
- Vamos.
- Pero ¿nos vamos o no nos vamos?
- Vamos. 
Cerraron la puerta y se quedaron.