19 agosto 2026

tu y yo.

 Donde mejor estaría yo

que aquí

ajena a todas las miradas ajenas. 


Donde mejor que aquí

sentada en este suelo de asfalto abrasado

hostil e incomodo como el verano mismo en los campos de Castilla. 


La música trap y reguetón apenas si nos deja oir lo que dice el otro. 

Y no hace falta más. 

No hace falta oir más lo ya obvio. 

Que tenemos el tocino y la morcilla en el plato. 

Que estamos muy bien aquí en el suelo, juntos.

Que el agua que hemos cogido de la Fuente está en el vaso. 

Que nos hemos quedado sin chorizo en la chorizada. 

Ni sin Fanta limón ni naranja. 


EL próximo año, pensamos después, en el programa deberían poner. 

'Traigan su propia silla. 

y su propio chorizo

a la chorizada'.


Y nos reímos. 


En el momento el hambre y el cansancio no me dejó reírme tanto. 

- Lo cojo con las manos, ¿no?- me preguntas. 

- Si, con las manos. Así. - Y le explico cómo se come una chuleta. 


Tus paletas han sobrevivido de milagro a dos caídas catastróficas. 

Así que quizás por eso, 

quizás por la falta de costumbre no se te da bien

lo de arrancar la carne de la costilla. 


Así que intercalamos trozos de costilla

con bolitas de migas de pan 

que nos vamos lanzando por turnos. 

Primero tu y luego yo. 

Y no existe más

que tú y yo

y cada bolita

que nos da en el diente de abajo 

en el hombro

una que se te mete hasta la campanilla...

y así riéndonos

bolita a bolita

mordisco a mordisco

creamos una burbuja

que nos protege de lo ajeno, 

del chorizo

al que no llegamos

de la fanta 

a la que no llegamos. 


De nuestras propias quejas. 

Del hambre.


Y todo está bien. 




15 agosto 2026

Amelia

 - cada uno dice los tres sueños más grandes que tiene. 

- vale, empiezo yo. 

- No, yo. 

- Vale. 

- Deseo tener un unicornio de colores. Encima de un castillo. 

- Yo deseo no tener que trabajar a partir de los 45. ¿lo lograré?

- ppppfff... si anda. 

- Mira que tu has pedido un unicornio y un castillo....



Serena o bellinguer

Quizás eso vino a decir 'Belinguer'

Que la calma no está reñida con la fuerza. 

que tu tranquilidad, aún en momentos difíciles es algo, en efecto, poderoso. 


Inusual. 

No propio de esta Tierra.


Gracias por tu presencia serena, mi bien. 

Por inspirarnos con la elegancia mansa de tu quietud. 

Gracias por encarnar la belleza de lo femenino, lo sencillo, lo liviano. 

Gracias por venir a enseñarnos el poder que habita en el silencio, 

en lo discreto de una simple mirada complice. 


Te esperamos. 

A su tiempo, divino y sabio.

Queriendo ser nosotros el abrigo que haga florecer las semillas que traes. 

Para tu mayor bien, el de nuestra familia y el de la humanidad. 





Aqua yin

No se oye nada. 

Nada.

El rumor de las hojas de nuestro árbol. 


Los pájaros. 


Si me muevo, el agua. 


Si no me muevo, a lo lejos, la autovía. 


Hace poco se han oido las campanas de las iglesias. 

Aquí hay dos. 

Tañiendo a destiempo. 

Con ritmo. 

alegría. 


Hoy media Castilla está interrumpiendo el silencio a la hora del vermút. 

Las dulzainas y los cohetes de esos de los pueblos que se lanzan con una tablilla acompañando alguna procesión y algún baile echado a la virgen. 


Yo hoy le bailo a esas molestias con las que he amanecido. 

La paletilla derecha. 

Y el glúteo derecho. 

Alguna otra cosa más también. 

Seguramente debido a mi sexto mes de embarazo. 

A las noches revueltas. 

Yo que sé. 


Hoy aprovecho mi momento de soltería, 

sin Miguel, ni Álvaro, ni Félix. 

Ni cosas de curro que sacar adelante. 

Hoy aprovecho que la meditación, duerme-vela de dos horas de la mañana

me deja disfrutar de esta quietud. 

De (ya) mi casa. 

De mis (siempre mías) molestias.

De este vacío. 

(no siempre pasa) 


Primero que hace mucho que no había espacio para el vacío. 

Después, que se vienen sucediendo tormentas. 

La separación, el duelo, los dramas, reales e inventados, 

los vecinos rompiendo mi silencio con sus vidas. 


Hoy solo sumerjo mi cuerpo en el agua calma, fría. 

Y observo-disuelvo mis tensiones. 

Hago movimientos lentos con mis brazos largos. 

Genero ondas que acarician mi cuerpo. 

Algunos remolinos se convierten en agujeros al llegar a la superficie. 


Después, paro. 

Bebé para también. 

Pienso que mucha de esta quietud es él. 

Ella. 

Todo el mundo quiere saber qué es. 

Es un ser humano. 

No hace falta saber más. 


Quién es el padre todos lo saben. 

No porque me pregunten a mi. 

Aquí hay cosas que no se preguntan. 

Solo se cuchichean. 


Bebé es esta misma belleza de la Castilla profunda. 

Donde nada pasa. 

El aire que anuncia tormenta, 

a ver sino de qué, 

abanicando las hojas de los pocos árboles. 


El amarillo de los campos segados metiendose en el ojo. 

La quietud. 

El silencio. 

Nada. 


Este bocadillo de jamón York y queso con pan de Ceballos que me acabo de zampar. 

La oportunidad de perder el tiempo

de puro tenerlo. 


Y pa qué más.