30 agosto 2026

El extraño caso de la mancha de leche.

Esto es así: El sol de las machorras abrasaba las sienes. 

El sol, ya de por si fuerte de este agosto abrasador, rebota en las montañas que nos rodean. 

Así que no hay quien pare en la entrada de la casa. 

Muevo lo mínimo indispensable a la sombra. 

En mitad de un camino, porque el que casinunca pasa nadie. 

Una silla para ti. 

Otra para mi. 

Los boles con avena y leche. 

Y, después, un melocotón y un cuchillo. 

Yo estoy de 28+ 2 no y tengo chicha para movimientos ni despliegues extra. 

Tú tienes mariscada familiar con papá y llevas puesta tu ropa más piti. 


El desayuno como gesta.

Voy encontrando en el murete de piedras espacio para dejar mi bol de cereales. 

Para poder liberar las manos y cortar el melocotón que compramos ayer en el super de Espinosa. 

Tremendo sabor. 

Tu me pides también trocitos. 

Así que te los pongo. 

Mientras vas comiendo ya de lo que tienes.

Con la cuchara coges un poco de leche, un poco de avena. 

Pero, por el camino, un poco de leche termina en tu pantalón piti. 

Respiro por si fuera un hecho aislado...

pero no. 

La segunda

y la tercera cucharada 

tienen igual suerte: 

Potencial mancha (a veces la leche se reabsorbe) en el pantalón piti. 

Estoy en una encrucijada: 

No quiero hacer movimientos extra: ir a por la mesa no es una opción cuando eres una morsa.

No quiero tener que darte el desayuno, porque yo ya tengo el mio y suficiente tengo con llevármelo a la boca. 

No quiero que vayas sucio e informe a la mariscada familiar. 

Miro alrededor. 

Para mi suerte, has traído contigo el escudo de gomaespuma del tiger. 

Te propongo usarlo como mesa. 

Te sugiero ponerlo debajo del bol. 

Encima de tu pantalón. 

Y listo. 

Accedes. 

Pero colocas el escudo demasiado lejos de tu regazo. 

Y la cuarta cucharada se convierte en potencial mancha en la zona de la bragueta. 

No obstante la confianza en el poder innato de reabsorción de la leche,

te sugiero arrimar el escudo más a tu cuerpo. 


Respiro maravillada de mi supina inteligencia. 


Todo éxito tiene su peaje.

No sé porque extraño motivo

Al mover el escudo para tapar la bragueta

el tazón se desequilibra

pasando de contener la leche y la avena

a, ya, no contenerla. 


La leche y la avena, claramente, tienen que buscarse la vida. 

Así que optan por derramarse por todas tus piernas, calcetines, zapatillas y suelo, 

tropezones de melocotón mediante. 


Maldigo la adherencia de la gomaspuma del tiger

momentáneamente. 


Observamos el cuadro. 

Nos miramos muy callados y serios. 

Con los ojos bien abiertos por la sorpresa del desenlace (con lo bien que íbamos)

se nos aprietan los labios y 

nos descojonamos. 

Así como con pedorreta inicial. 

PPPPppfffffjajajajajajajaa


- ¡Vaya negocio!- pienso después de un buen rato de necesaria risa.


Y me levanto a por más avena. 

A por más leche. 

Y me rindo. 

Ya comeré mi propia comida cuando sea mayor- pienso.

te doy el puñetero desayuno. 

y, por no aguantar tu quejido,

limpio la gomaspuma de tu preciadísimo escudo

de los restos de leche


Que, maldición, aquí no se reabsorben...

...pero en tu pantalón piti, si. 


Y cuando llega papá 

sonrío victoriosa. 






Solo nosotras sabemos porqué. 














19 agosto 2026

tu y yo.

 Donde mejor estaría yo

que aquí

ajena a todas las miradas ajenas. 


Donde mejor que aquí

sentada en este suelo de asfalto abrasado

hostil e incomodo como el verano mismo en los campos de Castilla. 


La música trap y reguetón apenas si nos deja oir lo que dice el otro. 

Y no hace falta más. 

No hace falta oir más lo ya obvio. 

Que tenemos el tocino y la morcilla en el plato. 

Que estamos muy bien aquí en el suelo, juntos.

Que el agua que hemos cogido de la Fuente está en el vaso. 

Que nos hemos quedado sin chorizo en la chorizada. 

Ni sin Fanta limón ni naranja. 


EL próximo año, pensamos después, en el programa deberían poner. 

'Traigan su propia silla. 

y su propio chorizo

a la chorizada'.


Y nos reímos. 


En el momento el hambre y el cansancio no me dejó reírme tanto. 

- Lo cojo con las manos, ¿no?- me preguntas. 

- Si, con las manos. Así. - Y le explico cómo se come una chuleta. 


Tus paletas han sobrevivido de milagro a dos caídas catastróficas. 

Así que quizás por eso, 

quizás por la falta de costumbre no se te da bien

lo de arrancar la carne de la costilla. 


Así que intercalamos trozos de costilla

con bolitas de migas de pan 

que nos vamos lanzando por turnos. 

Primero tu y luego yo. 

Y no existe más

que tú y yo

y cada bolita

que nos da en el diente de abajo 

en el hombro

una que se te mete hasta la campanilla...

y así riéndonos

bolita a bolita

mordisco a mordisco

creamos una burbuja

que nos protege de lo ajeno, 

del chorizo

al que no llegamos

de la fanta 

a la que no llegamos. 


De nuestras propias quejas. 

Del hambre.


Y todo está bien. 




15 agosto 2026

Amelia

 - cada uno dice los tres sueños más grandes que tiene. 

- vale, empiezo yo. 

- No, yo. 

- Vale. 

- Deseo tener un unicornio de colores. Encima de un castillo. 

- Yo deseo no tener que trabajar a partir de los 45. ¿lo lograré?

- ppppfff... si anda. 

- Mira que tu has pedido un unicornio y un castillo....



Serena o bellinguer

Quizás eso vino a decir 'Belinguer'

Que la calma no está reñida con la fuerza. 

que tu tranquilidad, aún en momentos difíciles es algo, en efecto, poderoso. 


Inusual. 

No propio de esta Tierra.


Gracias por tu presencia serena, mi bien. 

Por inspirarnos con la elegancia mansa de tu quietud. 

Gracias por encarnar la belleza de lo femenino, lo sencillo, lo liviano. 

Gracias por venir a enseñarnos el poder que habita en el silencio, 

en lo discreto de una simple mirada complice. 


Te esperamos. 

A su tiempo, divino y sabio.

Queriendo ser nosotros el abrigo que haga florecer las semillas que traes. 

Para tu mayor bien, el de nuestra familia y el de la humanidad. 





Aqua yin

No se oye nada. 

Nada.

El rumor de las hojas de nuestro árbol. 


Los pájaros. 


Si me muevo, el agua. 


Si no me muevo, a lo lejos, la autovía. 


Hace poco se han oido las campanas de las iglesias. 

Aquí hay dos. 

Tañiendo a destiempo. 

Con ritmo. 

alegría. 


Hoy media Castilla está interrumpiendo el silencio a la hora del vermút. 

Las dulzainas y los cohetes de esos de los pueblos que se lanzan con una tablilla acompañando alguna procesión y algún baile echado a la virgen. 


Yo hoy le bailo a esas molestias con las que he amanecido. 

La paletilla derecha. 

Y el glúteo derecho. 

Alguna otra cosa más también. 

Seguramente debido a mi sexto mes de embarazo. 

A las noches revueltas. 

Yo que sé. 


Hoy aprovecho mi momento de soltería, 

sin Miguel, ni Álvaro, ni Félix. 

Ni cosas de curro que sacar adelante. 

Hoy aprovecho que la meditación, duerme-vela de dos horas de la mañana

me deja disfrutar de esta quietud. 

De (ya) mi casa. 

De mis (siempre mías) molestias.

De este vacío. 

(no siempre pasa) 


Primero que hace mucho que no había espacio para el vacío. 

Después, que se vienen sucediendo tormentas. 

La separación, el duelo, los dramas, reales e inventados, 

los vecinos rompiendo mi silencio con sus vidas. 


Hoy solo sumerjo mi cuerpo en el agua calma, fría. 

Y observo-disuelvo mis tensiones. 

Hago movimientos lentos con mis brazos largos. 

Genero ondas que acarician mi cuerpo. 

Algunos remolinos se convierten en agujeros al llegar a la superficie. 


Después, paro. 

Bebé para también. 

Pienso que mucha de esta quietud es él. 

Ella. 

Todo el mundo quiere saber qué es. 

Es un ser humano. 

No hace falta saber más. 


Quién es el padre todos lo saben. 

No porque me pregunten a mi. 

Aquí hay cosas que no se preguntan. 

Solo se cuchichean. 


Bebé es esta misma belleza de la Castilla profunda. 

Donde nada pasa. 

El aire que anuncia tormenta, 

a ver sino de qué, 

abanicando las hojas de los pocos árboles. 


El amarillo de los campos segados metiendose en el ojo. 

La quietud. 

El silencio. 

Nada. 


Este bocadillo de jamón York y queso con pan de Ceballos que me acabo de zampar. 

La oportunidad de perder el tiempo

de puro tenerlo. 


Y pa qué más.