Donde mejor estaría yo
que aquí
ajena a todas las miradas ajenas.
Donde mejor que aquí
sentada en este suelo de asfalto abrasado
hostil e incomodo como el verano mismo en los campos de Castilla.
La música trap y reguetón apenas si nos deja oir lo que dice el otro.
Y no hace falta más.
No hace falta oir más lo ya obvio.
Que tenemos el tocino y la morcilla en el plato.
Que estamos muy bien aquí en el suelo, juntos.
Que el agua que hemos cogido de la Fuente está en el vaso.
Que nos hemos quedado sin chorizo en la chorizada.
Ni sin Fanta limón ni naranja.
EL próximo año, pensamos después, en el programa deberían poner.
'Traigan su propia silla.
y su propio chorizo
a la chorizada'.
Y nos reímos.
En el momento el hambre y el cansancio no me dejó reírme tanto.
- Lo cojo con las manos, ¿no?- me preguntas.
- Si, con las manos. Así. - Y le explico cómo se come una chuleta.
Tus paletas han sobrevivido de milagro a dos caídas catastróficas.
Así que quizás por eso,
quizás por la falta de costumbre no se te da bien
lo de arrancar la carne de la costilla.
Así que intercalamos trozos de costilla
con bolitas de migas de pan
que nos vamos lanzando por turnos.
Primero tu y luego yo.
Y no existe más
que tú y yo
y cada bolita
que nos da en el diente de abajo
en el hombro
una que se te mete hasta la campanilla...
y así riéndonos
bolita a bolita
mordisco a mordisco
creamos una burbuja
que nos protege de lo ajeno,
del chorizo
al que no llegamos
de la fanta
a la que no llegamos.
De nuestras propias quejas.
Del hambre.
Y todo está bien.
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