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08 abril 2023

Y si fuera cierto

Al poco de nacer 
recuerdo
ya quería congelar el momento presente.
Tus primeros gestos,
tus ojos azul oceáno profundo en la noche,
tu cara de alien
tu quietud calma en esa cunita de metraquilato
para mi sorpresa. 


Todo. 

Esto también pasará - pensé.
La lactancia también pasará. 

Y aunque tuvimos que conquistarla, 
sobretodo me venía ese pensamiento de anclaje con la lactancia. 

Y me sigue pasando.
Hoy recién bañaditos los dos,
y tu cuerpo de ya 83 centímetros y 8 dientes y 4 muelones
suave como el primer día
ya sin pelito
se deja caer en mi regazo, 
abrazando mi piel la tuya
enroscándose tus dedos (y sus uñas) en mi pezón.

Y el intento (mio) constante de parar el reloj
a base de presencia, 
de disfrute, de gratitud máxima. 

Y lograrlo. 
Lograr entregarme lo máximo a tus peticiones, 
a tu dulzura infinita. 

Y saber, sin embargo,
que todas estas palabras,
mi rey pequeño,
boroti, 
cuanto te quiere mami, cuánto,
no pesarán más que una brizna de hierba en mi memoria. 

Y aceptar la virtud que hay en ello. 
En el olvido. 
En el presente continuo. 
En la entrega a lo fugaz de la existencia.

Cuando se vive.
Cuando se acompaña.

Por si fuera cierto que se pasa rápido. 





16 diciembre 2021

Gracias por ser parte de 'esto'

Alrededor de mi se arremolinan 

las preguntas, 

la espectación, 

las esperanzas, 

la alegría sana y hermosa de la vida misma, 

la compañía sanadora y la pesada, también. 

Ausencias. Siempre hay. 

Siempre hay quien falta para quien anhela.

Quien no anhela nada, ya lo tiene todo. 


Por mi parte también hay preguntas

espectativas

esperanzas, 

anhelos mil,

miedos también, 

miedos a los que no quiero

poner palabras 

ni dar voz. 

Ya hay bastante catástrofes en el mundo

o tejas sueltas en los tejados.


Gotera:

diré que tengo miedo 

de que no quepa 

más dicha en mi. 


Que no quepa más gozo extático, 

ni presencia para mi y para lo que es:

Esta pancha de la que me despido.

Este agua que me limpia. 

Esta casa, cada día más casa, que me acoge.

Esa red femenina (y no solo) de apoyo que se va mostrando para mi.

Este Álvaro con cara de enamorado.

Este mi hermano que vuelve a convertirse en padrino, 

como nosotros en padre y madre. 

Pero eso aún no es. 

Y es perfecto. 

Tan perfecto como la muerte de Marta

y el suicidio de Verónica. 


Nacimiento y muerte

Placer y dolor

Son solo dos caras de la misma moneda. 

Y la moneda siempre es la misma:

la vida

lo que es.


Y quisiera que tú también rozaras con la punta de los dedos 'esto':

la vida en tu interior, moviéndose, abriéndose paso a cada instante,

mantenerte presente aquí y ahora, 

agradeciendo cada aliento, 

cada arcada, cada noche horrible, dolor lumbar, costal, medial,

cada palabra, 

cada toquilla blanca

a todas las tías cristis del mundo.


Aunque creas que sepas lo que va a ocurrir mañana, 

tus carnes abriéndose, 

la electricidad recorriendo las espalda, 

cualquier imagen,

un encuentro, una reunión, proyección, un viaje...

en realidad no sabes nada. 


Yo tampoco.

Y repetirlo: no sé nada. 

Y repetirlo: Esto es lo único que existe

Y repetirlo: Ahí fuera hay muchas tejas sueltas.

Es muy hermoso.

21 noviembre 2021

Escena 1

Hoy rescato la memoria
de una vida pasada. 

Vida que, en un mes, 
será presente.

Hoy vuelvo a esa cabaña
de piedra
y paja.

Dentro hay apenas
dos objetos:
un catre y un caldero al fuego. 

Dos niños: 
un niño y una niña.

Y una ausencia: 
un marido noble trabajando. 

Lo más importante en esa estancia es, 
como suele pasar, 
lo que no se ve:

La presencia alegre y viva del momento presente:
normal, natural, cotidiano.

El calor de hogar, la limpieza y el orden
más allá del calor, la limpieza y el orden. 

El silencio más allá del silencio.

La fuerza de un lugar protegido y brillante
capaz de acoger a los hombres más rudos en su desesperación
y ofrecerles una compañía armoniosa y sanadora. 

La habilidad mágica de cuidar, nutrir y agradecer lo que es
en silencio
La sencillez de crear y sostener la vida 
en todas sus formas:

caldero, marido, madre. 

Si alguien no vio el valor 
que esto tenía
ese alguien tenía un problema. 

Muchos detrás caminarían desnutridos
y harapientos, 
con las carnes hechas llagas por dentro
y , tal vez, tal vez, un sombrero de copa por fuera, 
o un BMW serie 3, no importa.

La verdad es humilde
invisible a los ojos
de los ciegos.

Sensible al tacto 
de quienes se atreven a tocar
y a sentirla en sus pieles.

Porosa, me impregno de este sentir
de este latido sereno
y me lo llevo para cuando lo necesite. 

Tal vez para apaciguar 
el humor de una noche de llanto
Tal vez para volver a mi ser
casa
para mi. 

Y ya es bastante. 




28 noviembre 2020

Sí que era black

 Detesto hacer lo que hay que hacer
saber lo que va a decir el otro:

- ¡vaya! Sobreconsumo de plásticos.
- El domingo hay que ir a la montaña.
- La mascarilla es una mierda.

Prefiero una y mil veces
asomarme a la mascarilla de Aitana
y descubrir que está todo chupada.

Hablar con ella sobre el dinero-hojas
y su tienda de frigoríficos morados de importación.

Hoy he vuelto a nacer, ¿sabes?

y no tengo tiempo para convenciones
ni para putas mierdas
no para lamentos estúpidos.

La vida es hoy y hoy quiero vivirla
sea que mis pies pisen asfalto
sea que pisen flores de jazmín.

Yo modelo mi existencia.
y el decorado, la verdad, me da igual.

Me encanta poder decir que me siento 'a topete'
y reírme de que ayer me sentía 'a topitos'.

Hoy he vuelto a sobrevivir a mi misma
a mi desconocida falta de amor propio
al abismo de mis carencias mas descarnadas.

¿Quién está ahí para espejarme cuál es mi mayor defecto?
¿Quién?
¿Cuál?

Hoy he sobrevivido a un ataque
hoy he sobrevivido a la oscuridad del mundo
al dolor 
concentrado en mi cuerpo.

Lo he mirado a los ojos y lo he combatido
hasta la victoria 
¡Siempre!
Los que se ríen de 'los seres de luz' 
no tienen ni idea de lo que hablan.
Esto es mil veces más peligroso que el activismo. 
Aunque no lo parezca.

Lo esencial es invisible a los ojos.
Lo poderoso también.

Y, creéme que los filos del poder.
del poder real,
el mágico,
el que mueve montañas
y separa los mares
son afilados.

Ahora lo sé.
Lo sé porque me he cortado
Pero he aplicado lavanda
y la hemorragia ha cesado.

La confianza me metió en esto
y la confianza me sacó.

Como en cada batalla de cada batalla salgo reforzada.
salgo más yo
con más ganas de escuchar verdades genuinas
con más ganas de meter los dedos en la tierra
con más ganas de yo
amando
con ganas de descubrir
el amor
del que habla todo el mundo
y del que nadie sabe 
nada.

Terminar este black friday en lo alto.
porque,
joder si era black!





05 noviembre 2020

Ni modo

Tengo miedo a que te mueras. 

- dije de pronto.

Era necesario decirlo. 

Poner algo de rojo en la pasividad de la bruma de domingo.

Para eso nada mejor que un chile de verdad.

 

Tengo miedo.
No a que te mueras
sino, más bien, al vacío,
al shock,
a la caída irremediable en un abismo de pesimismo y soledad. 
No es por ti.
Es por mi.
Siempre yo.
Yo y los niños.
El vacío.
Sobre todo eso.
La ausencia.
Sobre todo eso.
Me doy cuenta de que es algo que no he transitado.
Debe ser amargo
como el martini blanco
seguro que se queda un rato ahí.
Pero no lo sé
porque no lo he vivido
o tal vez si.
En otras vidas.
Y de ahí este miedo que ha aparecido como esa lombriz que estaba tranquilamente enredándose en la raíz del hinojo y no esperaba a que fuéramos a arrancarlo de ahí.
Hoy, sin previo decreto ley, a las 11.45.
Arrancar. 
Salir.
Morir.
Palabras.

- eso fue lo que no dije.

Es porque soy mayor.

- dijiste sin dejar mucho espacio
ni a las espirales melancólicas
ni a los conos metafísicos invertidos
de los huertos del extrarradio
vendidos al mejor (im) postor.

No sé.
Simplemente me viene esa imagen. 
A veces.
Y sé que es miedo.

 - eso sí lo dije. Suspirando bien fuerte.

Pero algún día moriré.
¿Lo sabes?

- dijiste 
como quien pronuncia 
las últimas palabras 
de la defensa 
de su tesis doctoral.

Hay tardes que han sido destinadas para ser bruma pesada.
días cualquiera
balines blancos
carentes de emoción 
ni profundidad ninguna.
ni gritos ni hostias.
Y así debió ser.
Porque de pronto, 
mis rodillas bucólicas cedieron.
Y solo dije:

 Joder. 







18 agosto 2020

18 de Agosto

Siempre es duro nacer. Volver a comenzar de cero. Siempre. En mi caso no fue distinto. Lo he vuelto a vivir. Lo he recordado. Yo no quería volver. Fue un proceso tremendamente doloroso. Tanto para mi como para mi madre. Me lo ha dicho siempre. Lo que le costó. Lo guerrera que he sido siempre, desde el bien principio de mi historia en esta encarnación. 

Siempre es duro recordarlo. Cada 18 de agosto entro en katarsis. Y la vida a mi alrededor también se vuelve katártica. Se rompen cosas, se pierden cosas, un novio te decepciona y le mandas a tomar por el culo o tus instructores esotéricos, por vez primera, no acuden a la cita semanal. Siempre pasan cosas. 

Esta vez, sin saber decir desde donde, he decidido observarlo. He entrado en stand by. Estando sin estar. En silencio. Sin querer hablar. Queriendo ser invisible. Queriendo interactuar con los elementos. Con los pájaros. Con el humo de la chimenea de cronospan y mi pensamiento al verlo: Ahí también hade estar dios, porque es hermoso ver los algodones de humo subir. Mezclarse con las nubes. Es jugoso, hipnótico, misterioso. Ni en mil años comprendería cómo se fabrica esa nube constante, siempre saliendo hacia arriba. Interactúo con ese ciruelo dejando caer las ciruelas en mi mano, soltándolas con gracia y facilidad para mi mermelada. Otras veces no, no soltándolas. Nadie mejor que el árbol sabe cuándo es el momento justo. El lo sabe y cuando es el momento tira su fruto. Para que no te esfuerces. He entrado en comunión contigo, los dos lo sabemos. Y eso que no han hecho más que interrumpirnos. Con cuestiones que no van a ningún lado. Nada va a ningún lado, ya lo se. O más bien a ninguna parte. 

El otro día un cliente dijo eso. Dijo todo el día estresados para llegar todos al mismo sitio. ¿No te parece que vamos demasiado estresados? me preguntó. Si. Le dije. Estoy totalmente de acuerdo con eso. Y eso se me quedó entre oreja y oreja. ¿Sabes cuando te dicen una cosa y te entra por un oído y se te queda dentro? A mi eso se me quedó dentro. Y me observé a mi misma. Todo el día preocupada por chorradas. Todo el día mirando el puto móvil. Todo el día ocupada de cosas que están ahí fuera y que dan absolutamente igual.

Yo solo quería estar en comunión con las plantas. Estar presente. Estar para mi. Y eso es raro. Estás rara. Llámalo como quieras. A mi lo que opines de mi siempre me ha dado igual. Hoy estoy para mi. Todo me parece escaso los 18 de agosto. Leoncio se salvo de la quema. El año pasado mi amiga Harriet dedicó bastante tiempo a fabricarme un títere de dedo con forma de león. Cuando loví lové. Cuánto amor sentí. Tanto que se transformó en lágrimas de amor. Y en abrazo y en promesa de amor eterno. Como cuando estás borracha y exacerbas todo lo que sientes. Igual pero con agua mineral del tiempo. Siempre lloro el 18 de agosto. Esa es otra constante. Hoy he llorado 3 veces creo ya. 

Hay cosas que el 18 de agosto se muestran más que otros días. El dolor es más doloroso. La alegría nunca es una alegría sana. Siempre algo se desencaja por dentro y brota hacia afuera. Hoy he sentido una sensación de decadencia tribal. Estamos cada vez más separados. Más conectados a una pantalla. Menos conectados por hilos vitales. Todo se cae a pedazos. Y aunque todos asisten al decaer de los eventos, nadie hace nada por cambiarlo. Ni si quiera yo. Hoy me he encontrado sumida en ese río de impotencia, decadencia, complacencia.

Después la policía nacional ha parado en frente de mi portal a decirme que me pusiera la mascarilla. Yo había bajado a tirar el plástico al contenedor amarillo. Venía de ir con la bici. Y no había ningún ser humano a menos de 50 metros, tal vez 100 o mil. No veía a nadie. Más que a esos policías metidos en esa furgoneta señalándose la mascarilla, mirándome y dando marcha atrás. 

Yo estaba hablando por teléfono. Espera, que vienen a por mi., he dicho. Y me he metido en el portal antes de que otra cosa ocurriera. ¿Qué posibilidades hay de que en una franja de 5 minutos la policía nacional pase por la puerta de tu portal a decirte que te pongas la puta mascarilla? Pocas. Muchas si es un 18 de Agosto. 

Digo puta porque quería enfatizar eso. En realidad me ha dado igual. Ellos hacen mi trabajo y yo el mio. Observo. Soy fiel a mi cuerpo. Ayudo a otras personas a sanar. O lo intento. He decidido además, que no quiero separarme de ninguna persona. Por ningún motivo. He decidido que la mascarilla no sea un tema. He decidido que no nos divida. Yo lo que siento lo siento claro. Y allá cada uno con su sentir. 

Hoy, curiosamente, nadie ha requerido mis servicios. Pero mañana 3 personas me visitan. ¡3!

Doy gracias por ello. 

Y porque mañana ya será otro día. 

19 de agosto.

Eso ya suena distinto. 

15 julio 2020

Al fin nos entendemos

- Aquí se está hablando de otras personas. Siento que se está hablando desde la dualidad. Y me incomoda.
- Gracias. A mi me estaba incomodando el puro hecho de hablar.

01 junio 2020

Querida amiga:


Cuando te dije que creía que éramos las dos discretas, en realidad, me equivoqué de palabra.
En realidad quería decir que éramos unas perdedoras. Inconscientes, sí, pero perdedoras. De donde vienen las cosas no cambia el efecto que tienen las cosas. Estamos abonadas a perder. Deseosas de perder. Nos encanta montarnos en barcos que se hunden. Sentir que somos las que estamos en lo alto, ser la cabeza del naufragio. De discretas nada, querida. Gilipollas sí, pero demasiado orgullosas como para verlo. Para dejar de montarnos en barcos que se hunden, hace falta verlo. Y querer salir, claro. Pero eso ya es cosa tuya, y, la verdad, me da igual lo que hagas.

Hoy lo vi. Y solo te lo quería contar, de forma honestamente unidireccional.

Me pareció que el matiz era importante.

13 abril 2020

Bendito enemigo

Ayer vi al enemigo.

Muchas veces le he visto.

La diferencia
es que ayer
le vi
y le reconocí instantáneamente.

En el con
tempo.


Una sensación se coló por la grieta
y abrió un espacio sensible
un dolor
una herida.

El enemigo aprovechó que la compuerta estaba abierta 
y se coló también.

Se estaba haciendo cargo de mi mirada
fija
de mis labios
apretados
de mi cuerpo 
rígido
de mis palabras
duras 
monosilábicas.

Lo reconocí porque se que yo no soy esa.


Intentó separarme de ti.
Hizo todo lo posible por ampliar la grieta
por separar mis bordes
y llevarme al límite 
de la desconfianza,
del dolor, 
de la separación.

Lo estaba viendo
de forma contemporánea
mientras tú contabas 
tu historia 
de cuadernos en blanco 
preparados para tu 'lección de amor'
tus poemas 
y tus eventos trágico-mágicos.
tu historia 
de candados en la cintura 
y cantos e improvisaciones 
unidas por un hilo dorado
el mismo 
que también me conecta a mi.


El enemigo quiere seguir escuchando
quiere encontrar indicios de tu maldad
de tu traición
de tu mentira
y busca
olisquea
como un perro 
con la nariz bien pegada al suelo.

Esa parte de mi tiene la barriga
llena de arañazos
y escuece.

A otra parte de mi no le interesa en absoluto esta historia, 
no por la historia, 
que me parece que tiene 
todos los ingredientes 
de una buena historia
con final abierto.

El personaje principal está librando un duelo
consigo mismo (y no solo)
y en el camino de vuelta a casa
se va encontrando personajes 
que le ayudan a librarlo 
en las orillas de los ríos 
y en los bosques
de formas muy mágicas y coloridas.

Esa parte quiere reírse 
de la situación absurda 
a la que el enemigo 
nos está llevando
porque lo importante no está ahí.

Tu y yo de frente. Tu contando tu historia. Yo tomando notas. Tu diciendo que te sientes en consulta. Yo diciendo que la que está en terapia soy yo. El enemigo frunciendo nuestros ceños y una carcajada que quiere explotar dentro de mi. Porque ahí no está la verdad.

Esa parte
de momento no puede 
irradiar, 
de momento, 
entonces
imagina unicornios 
saltando por encima de 
arcoiris tridimensionales.

Empieza a sonar llover fuerte
y
la ropa está tendida.

La conversación se corta.
Recogemos las sábanas, 
las prendas.

Estoy cansada,
confieso.

Estoy llorando, 
ves.

Estoy agotada, 
más bien.

Me merezco tranquilidad
alegría
sosiego.

En los últimos años me han pasado muchas 
muchas cosas,
creéme,
muchas.

Pues no te inventes más,
me dices.

Y
rompo la rígidez de mi mirada, 
la de mi cuerpo 
y la de mis palabras.

Me gustas mucho, 
digo.

Te abrazo.





















Bendita lluvia
y
Bendito enemigo
Podéis venir cuando queráis, 
pero no me calaréis los huesos.

Por aquí, 
no más. 

Has perdido.
Querido enemigo,
pero debo reconocer tu habilidad.

¡Enhorabuena!

Ahora
quiero hacer lo que me gusta 
todo el rato, 
todo el tiempo 
lo más posible, 
lo más placentero, 
lo más gozoso, 
lo más liviano, 
eso busco y eso encuentro 
querido enemigo, 
puedes seguir buscándome 
en los espacios interdimensionales 
que se crean entre el gozo extático de la conciencia, 
el canto 
y la pasión de comer un plato de pasta con chorizo y tomate. 

Allí me encontrarás. 
Haz lo que puedas con ello. 
Suerte. 

23 febrero 2020

Lo que sé

O estás en el amor
o en el miedo.

Mucha gente piensa que el enemigo está fuera
que se llama multinacional
o estado
o OMC
Bush o Trump da igual

La verdad
es que el enemigo está dentro
y se llama miedo.

El miedo te convierte en una pasa
en una mierdita seca al sol.

El amor te expande
te hace ver lados de ti que no conocías
te hace sonreír
te hace sentirte parte de cada rayo de sol
te permite admirar los milagros cotidianos de la vida
una mariquita caminando tus dedos
y despegando desde tu dedo corazón.

O una personita a tu lado
rindiéndose.
Y eso sí que es un milagro.

Amar
Dejar ir
Rendirse
son palabras distintas para decir lo mismo.

Antes leia los libros y no los entendía
Hace unos años leí el poder del ahora
no lo entendí
pero hice lo que el libro decía y sané.

Hoy me pasa al revés
leo un libro
y me alivia ver
que alguien ha encontrado palabras para expresar
lo que sé.





13 febrero 2020

Sobre el arte

El sol en la 49 me sigue teniendo para dentro. Eso o estoy entrando en el otoño de mi ciclo menstrual. Otoño que para mi sería como primavera. Creo que ya te he contado que una parte de mi está en el otro hemisferio. Osea que en el Otoño de mi ciclo que sería mi primavera dislocada no quiero ver a nadie. Ni que me vean. Condiciones ideales para cruzarme la ciudad y llevarte de paseo.

Apago el móvil. Basta de instagram. El instragram es la nueva tele.

Hay que prestar mucha atención a lo que dejamos entrar. Hoy he sido consciente de la materialización de dos pensamientos. Dos. En menos de dos horas dos pensamientos se han materializado. Vivir en la era del plasma es lo que tiene. Como dice el pesadoto Parise, esto es así, lo que cambia es si lo haces consciente o no, pero estás creando realidad a cada paso.

Yo hoy he dado muchos pasos. Estaba aburrida de tener la cadera encasquillada. Así que me he acompañado de Alice Wonder y me he ido al CAB. La segunda de las exposiciones me ha sorprendido mucho, la tercera no la he soportado y la primera estaba bien. Sin más. Yo no tengo ni idea de arte. A duras penas puedo imaginarme a las personas haciendo arte. ¿Qué será el arte? No lo sé, ni en qué se distingue de la decoración, el interiorismo o un chiste.

Ayer leí la visión de Gurdjieff del arte. Como con muchas, todas, las cosas que leí, me explotó el cerebro o se crearon nuevas conexiones neuronales, todavía no lo sé.

«Lo que Ud llama arte es sólo una reproducción mecánica de la naturaleza, de otras personas personas (la primera), o simplemente una fantasía o un esfuerzo para lograr originalidad (la segunda). El verdadero arte es completamente distinto. En las verdaderas obras de arte, especialmente en las antiguas, se encuentran muchas cosas que son casi imposibles de explicar. Contienen 'algo' que no existe en las obras modernas. (...) Hay una diferencia enorme entre el arte del que habla Ud y el arte del que hablo yo. En el arte suyo todo es subjetivo. (...) Todo es accidental, ósea que todo se basa en asociaciones accidentales: la impresión del artista y su creación, la percepción de los espectadores, oyentes o lectores. En el verdadero arte no hay nada que sea accidental. (...) Este es el verdadero arte, el arte objetivo. Imaginemos una obra científica, un libro sobre química o astronomía. Es imposible que una persona lo entienda en una forma y otra en forma distinta. Todo aquel que esté suficientemente preparado y que pueda comprender el libro, comprenderá lo que el autor quiso decir. Y lo comprenderá justamente en la forma en que el autor quiso decirlo. Una obra de arte objetivo es lo mismo que esos libros, sólo que afecta al lado emocional y no el lado intelectual de la persona».

Al leer esto me transporto al Koricancha, Cusco, Perú. Si la Iglesia Católica no fuera una apisonadora despiadada y corrupta, ese sitio sería hoy el lugar central de culto de la tradición andina. El templo del Sol. Parece que los incas, los hijos del Sol, como algunas gentes les llaman, compartían algún conocimiento con Gurdjieff que a la Iglesia Católica se le escapa.

«'La inteligencia del Sol es una inteligencia divina', respondió G. 'Pero la Tierra también puede llegar a serlo'»

Koricancha fue un lugar que me conmovió energéticamente de una forma única hasta entonces. No se explicarlo. Tenía el cuerpo estremecido y en algunas salas la sensación era más evidente que en otras. La guía que iba conmigo me preguntó si estaba bien cuando delante de una plancha de metal con algunos grabados me puse a llorar. Le dije que creía que sí, que creía que estaba llorando a causa de la plancha y le pregunté qué querían decir aquellas formas. Me dijo que eran las Pléyades.

Después, la conversación con la guía terminó en espíritus, seres sin cuerpo, presencias y esas cosas tan típicas de Iker Jiménez y esa visión tan cortita de lo paranormal. Se emocionó hablando de ello y le agradecí la apertura, recuerdo, mientras me quedé preguntándome cuándo iba a llegar alguien a explicarme algo de aquello. Las pléyades y ese llanto. Koricancha y ese cuerpo mio del revés... Creo que ayer G me ayudó a atar algún cabo.

Pienso en hacer arte así, cosas pequeñas, intencionales, experimentar que para eso estamos aquí, pienso en el arte Damanhuriano. ¿Tendrían ellos presente esa concepción del arte? Quisiera ver más arte como el que ví en Perú y tal vez en Egipto (pero entonces yo estaba dormida). Ver cosas inspiradoras, agradeciendo las preguntas que llegan hoy y que son las que nos hacen avanzar y no el pastiche de la planta baja. De todos modos, si se trata de decoración o de ocurrencia, me ha parecido mucho más artístico este letrero que me he encontrado de camino. Peluda es una palabra ganadora. Siempre.

De todos modos, yo iba al CAB a meditar. A constatar, en el silencio de unos 30 jipis reunidos, el gusto y la insistencia de los video artistas por los sonidos machaconamente irritantes y repetitivos sin ningún tipo de trascendencia ni gozo sonoro. Objetivamente, creo que todas las personas que estábamos ahí, hubiéramos preferido el modo muteado de ese video.

Al salir hablamos de Florence and the machine y de cómo cambió al hacerse famosa. En la catedral hay un rodaje. Recuerdo esa parte del texto que traduje esta mañana:

«En cuanto a escritoras, actores, músicos, artistas y personas políticas, casi sin excepción son todas enfermas. ¿Y de qué sufren? En primer lugar, de una opinión extraordinaria de sí mismas, luego de las exigencias y, finalmente, de la "consideración", es decir, de una predisposición a ofenderse ante la más mínima falta de comprensión o aprecio».

Y yo sigo para dentro. Poniendo atención para no volverme más gilipollas.

21 enero 2020

Dos veces dos.

Camino dos veces el mismo camino.
Extraño camino. No sé si alguna vez lo caminé antes y en dos días dos veces. Así va. La cosa se repite hasta que se aprende. Y aquí estoy yo. Por sorpresa de nuevo en Méndez Álvaro. Preguntándome qué tengo que aprender de este camino.

Decido escuchar la misma música que el otro día. Y camino.
Observo mis pensamientos, juguetones. Observo mis emociones mucho más en calma que hace un momento. Aquello era una distorsión del ambiente. Ahora lo veo. Algo se me coló. Camino mis pasos limpiando todo lo acumulado en el día. Limpio mi mente, mis emociones, la prisa, las ganas de demostrar nosequé. Me limpio con el poder de mi intención (y la gente, ese ente, inspirándose en Harry Potter y no se qué para hacer magia).

El aire sacude fuerte. Hace frío y se me cuela por entre la chichi. Meto la camiseta por debajo del pantalón. Supersexygirl (si me vieras). Me subo la capucha y camino. Me siento como en mis 17. Volviendo a casa de entrenar buscando el abrigaño de los edificios. Entonces me ponía la beisbolera de mi padre. Hoy llevo la chupa que me regaló Silvestre. Las dos son guapísimas. Y ahora que pienso, pocos abrigos me he comprado yo. Ese abrigo de las manis era de Dani.

Me gusta sentirme hombre y mujer a un tiempo caminando en la ciudad. Porque eso es lo que es. O, más bien, lo que no es. Yo no soy ni hombre ni mujer. Si a veces hablo en femenino es básicamente porque me da la gana. Si tuviera que justificarlo podría darte hasta 37 motivos. El 38 sería el feminismo.

A mis 24 una vez me preguntaron si me gustaba la carne o el pescado. Por lo visto había en una de las mesas del salón una chica interesada en mi. Yo respondí que era vegetariana. Y respondí eso porque era cierto. No como ahora, que soy vegana. ‘Come lo que la da la gana’ -responde mi madre. Y así es. Estoy reinventando el veganismo a base de langostas. (Esto solo lo entiende la Harriet)

Con mis botas de los 17 me siento como en los 17 volviendo de las llanas en el bus de menos veinte. Y en el cuello la misma contractura en el hombro derecho. Cuando me preguntan que es lo típico de Burgos digo eso. La morcilla y las contracturas en el hombro. De batallar contra el viento. Si no fuera por el viento que hace... Aunque ya no es lo que era. Ya no es lo que era.

A Gurdjieff su padre le obligaba a bañarse al aire libre en pleno invierno. Desnudo. Nada más levantarse. Yo me pasé tardes enteras, y después noches, a la intemperie. Los dedos congelados y qué. La vida es el campo de batalla. Así es. Y solo unos pocos saben estrategar, porque solo unos pocos saben de qué va este juego.

El padre de Gurdjieff sabía algo. Yo no.

Recuerdo esos momentos mientras camino y me planteo si coger un taxi. Hace mucho frío. Y qué. Te lo creerás o no pero tampoco sé cómo se coge un taxi. Sigo caminando a ver si descubro qué es lo que tengo que aprender de este camino que ya he recorrido dos veces en dos días.

Acercándome a Delicias me acuerdo de Rafa Medrano. Vivía por aquí hace años. ‘Si no te tuerces, harás cosas grandes’ -recuerdo que me dijo un día mirándome a los ojos. ‘Entonces ya estaba torcida’ - pienso para mi divertida. Pero ni él ni yo lo sabíamos. Nos conocimos en el principio del fin. Después todo empezó a cambiar para mi. Hacia mi. Ojalá que para él también. Hacia él, me refiero. Le escribo para tomar unos vinos, pero no responde.

Leo en el suelo esto. Me sonríe. Quiero decir que me hace sonreír. Yo siempre preferí llevarte de paseo conmigo a hacer poesía. Nunca entendí la poesía que no se entiende. Yo solo dibujo paisajes con mi vida, que es lo único que tengo. Eso y mi forma de vivirla, claro. Por eso elijo escribirla. Contarla. Porque esa es también mi forma de vivirla. Y oye, me hace gracia llevarte de paseo. Hacerte probar una de las especialidades de mi Burgos a los 17.

Y decido que uno de mis objetivos vitales será sentir mi cuerpo limpio. Libre de dolor y de esta contractura de los 17. Y creo que solo por eso ha valido pasar frío. Tampoco ha sido para tanto. Si conoces a una buena masajista en Burgos, avísame. Voy en serio.

Solo una vez sentí mi cuerpo libre de dolores. Fue brutal. Fue mágico. Único. No tengo palabras molonguis para describir ESO. Nunca me había sentido libre de dolores, molestias... ¡nada! ¡Cero! Fue gracias a Yoli en una sesión de BodyKnowsBreathwork. Te masajea mientras respiras holotrópicamente y después te aterriza con focusing experiencial. Vale la pena explicarlo. Si después de eso no pasan milagros apaga y vámonos. Pero es mejor vivirlo. Antes creía que iba a seguir por ahí, pero ahora creo que ya aprendí todo lo que tenía que aprender de ese camino. Veremos.

Cada vez me veo más como una loba solitaria. Y cada vez más en mi salsa vegana. Veremos.

De momento quiero un cuerpo limpio y después...

Etcétera.

Embajadores. He llegado a casa. Quiero darme una ducha caliente.
Te quiero, te quiero, te quiero. Es verdad. Quiero pasear contigo (más). Eso también.

16 enero 2020

Carcajada infinita

- Ay que ver. Venimos mundanos y salimos divinos.
- Sí.

- O... ¿tú venías divino?
- No, yo no bebo.

- jajajajajjaajjajajajajjajajajajajajjaaajjjaajajjaja- casi rompo el techo.
- ¿De qué te ríes? - responde más serio que un siete.

Rompo el techo.




15 diciembre 2018

Quinto dia



Mi voz
suena
a cámara lenta

Las sílabas
se atascan
en la boca
del estómago
un instante
antes de salir.

Observo
el picor de
la garganta
ese grito que
llevo
horas
reprimiendo.

Me siento
como un
pajarillo
en un nido
al que nadie
viene
a traer
comida.

Espasmos
empezaron
a
aparecer
ayer.

Los observo
molesta.

Hago esfuerzos
por
parecer
normal
ante la gente.
Sin éxito.

Prefiero eso
a dar explicaciones
de todos modos
poca gente
escucha.

Agradezco
las chorradas
ahora más que nunca
- cari
me suena
mal,
no me suena
cariñoso.
-dice la Male.


- Yo creo
que es la i
-sentencia.

Nos reímos.

Y ¿qué pasa
con el director
filósofo?
- pregunta Rake

Estoy abierta
a propuestas-
responde Male.

Que forma
tan elocuente
de explicar
lo que es
ser generadora
en el Mundo.

Pienso.

Lo aplaudo





20 febrero 2018

Estar mal y sus inconvenientes.

Un cocodrilo intenta desangrarme hincando sus dientes en uno de mis brazos, pero yo los mantengo firmes contra mi cuerpo y le acompaño mi cuerpo pegado al suyo en su giro frenético bajo el agua. Siento el mareo, la falta de aire, las limitaciones de mi condición de humana y sin embargo, siempre tengo la fe. La fe y la certeza de que todo pasa.

En lo que pasa recuerdo lo bien que estaba cuando estaba bien y agradezco haber sido capaz de agradecerlo y explotarlo al máximo. Y, sin embargo, ahora no soy capaz de salir de este remolino de agua y escamas. No soy capaz. No soy capaz. Ningún mensaje me inspira. Los días pasan como cualquiera. Mi risa se ha transformado en una llamarada de aliento fétido. Sapos y culebras salen por mi boca. Humor ácido. Las palabras. Pomelo mix. Mi bufanda se hunde en el puré de calabaza y jengibre que acabo de preparar y quisiera que el mundo estallara en mil pedazos. Sin embargo, solo puedo, ridícula de mi, quitarme la bufanda, arrancarla torpemente del cuello, no sin provocarme antes un poco de quemazón por el roce de la tela, y tirarla al suelo y cogerla con todas mis fuerzas y... meterla en la lavadora. Acto seguido me echo a llorar. No puedo más. Ni con la bufanda, ni con mi aliento, ni con mi malestar interior. Me rindo. Me duele el cuerpito. Las lumbares lo que más. Un principio de dolor de cabeza sinusal se ha transformado ahora en un cuadro de mocqos, tos y malestar generalizado, incluyendo pituitaria, vesícula biliar y demás órganos impracticables. Tristeza, vacío interior y un aburrimiento profundo acompañado de una ansiedad galopante completan el cuadro de dolor.

Me rindo. Además, no me queda otra. A mi alrededor todo se ha dispuesto para que yo me agarre a mi misma y me haga fuerte. Fuera nada ayuda: indiferencia, negación del malestar, falso optimismo, negación de tu estado de vulnerabilidad, falta de escucha real, consejos presumidamente elevados para salir del paso y llamadas interesadas en aspectos de mi ser que nada tienen que ver con mi ser, me acompañan, me exasperan, me irritan profundamente. Las observo a todas y las observo en mi. Son demoledoras. Pareciera que alrededor hay un montón de personas dispuestas a cuidarte y, en realidad o no quieren o no saben hacerlo. Para eso es mejor estar en una isla desierta. Y, de hecho, en eso me convierto. Una isla inaccesible en la Castilla sin botes ni remos.

Y después, en una isla de meditación, de silencio y de escucha activa. Una isla mágica que me ha sacado de las garras del cocodrilo en dos horas. Son los círculos 'awakin' que celebramos en Burgos todos los lunes. Encuentros bellos en los que compartir silencio, habla y escucha activa. Hasta que no se vive no se sabe lo sanadora que puede ser la escucha activa. Sino, que le pregunten a todas las personas que se gastan 250 pavos al mes para sentarse a ser escuchadas por una psicóloga una vez por semana.

Creo que Mr wonderful y todos los mensajes optimistas y buen rollistas que nos rodean son fantásticos. Un mundo más positivo y mejor, donde establecer mejores relaciones entre nosotras y con el medio solo puede venir de nuevos mensajes, bonitos mensajes que nos lancemos una y otra vez. Pero. Pero, amigas, ay, cuando estemos mal, tristes, apáticas, irónicas, jodidas, cansadas, heridas, doloridas, ansiosas, loqueseaquenospase que sea más bien de la onda de Mr Puterful, entonces también debemos dejarlo salir con la misma naturalidad. Dejarlo salir y acogerlo con la misma neutralidad. Cuando alguien nos dice que está super contento, ¿verdad que no le decimos que mañana seguro va a estar super triste? Entonces ¿por qué lo hacemos al contrario? Verás que mañana estarás mejor. Me dicen. O no. Respondo. Y la otra persona colapsa. Ojo izquierdo se cierra, un silencio eterno baña la habitación. O no. Y no pasa nada. Estoy mal. Pero no pasa nada. No me voy a morir de esta. Y si así fuera, tampoco pasaría nada. Digo. No hace falta decir nada. Ni recordarle a la otra persona que una vez tu también estuviste fatal, ni menospreciar su dolor, ni obviarlo, ni darle un consejo si no te lo ha pedido.

Quizás lo mejor sea decir simplemente: 'te comprendo, estoy contigo. Si me necesitas silba'. Otra opción puede ser dar un abrazo (no obligado), que es otra manera de decir 'estoy presente para ti' .

Y aquí paz y después gloria. O no.


Love.

31 mayo 2017

Encuentro en la cocina

Fiesta de inauguración de un espacio bello en Ibiza. Muchos corazones conocidos, amigos, amigas, Lutece, Arjajan, Eywa, mucha gente sonriente y mucha otra gente que no se de quién son. La charla con Ann y las chicas se interrumpe con las estrellas y nos vamos. Recogemos cojines y pa dentro. Musica tranquila suena. Silencio alrededor. En la cocina una chica.

- Hola
- Hola
- No se dónde podría calentar esto.
- Mmm... ¿tal vez en una de esas cazuelas?
- Si
- No se cuánto quieres calentar.
- Todo. Pa quien quiera. Me lo han regalado. Está buenísimo. Lleva pescado pescado por un chico hoy. ¿Te das cuenta?- y se ríe.
 - Jolín, qué carambola más buena.
- Si. Está buenísimo.

- Toma - y le alcanzo la sarten más grande de las alturas de la cocina.
- Gracias.

Silencio fuera. Gente recogiendo cosas.

- Bueno, en realidad yo me estaba llendo.
- Bueno, pues un placer.
- Lo mismo digo
- Bonitos ojos
- Lo mismo digo

Y reimos. Y nos damos las manos.

- Qué manos más frías.
- Siempre. Es normal.
- Manos frías, corazón caliente.

Y nos damos las otras manos.

- Yo vengo toda acalorada
- Así te siento- y sonrío. Somos el contrapunto perfecto.

Y reimos. Y nos abrazamos.

Y nos respiramos.

- Hasta pronto
- Hasta pronto
- Que descanses
- Y tú que lo disfrutes

Y reimos.

Y cojo la bici de vuelta a casa.


13 marzo 2017

Luna llena

De vuelta a casa en el coche.

- ¿Te has fijado? Cada uno de esos baches, esas montañitas en la carretera es la raíz de un árbol.
- Sí.
- Algún día, pronto, esas raíces, poderosas, resquebrajarán el asfalto.
- Estoy segura.
- Algún día, nadie vendrá a repararlo.
- Estamos cerca del fín.
- Y las raíces conquistarán de nuevo la horizontal del territorio.

Un conejo cruza alegre la carretera. Con la velocidad su cuerpo parece largo. Otro. Pero se para, al borde, en los arbustos. Vuelve a la redondez de las patas recogidas, a la ternura de las orejas agachadas y los ojos fijos.

Cuarta.





17 febrero 2017

Hablando de adicciones

Disparo
al magnum
de chocolate
en la gasolinera.

Tollina
a las patatillas
en general.

Rodillazo
en la entrepierna
a las cuatro berlinas
de chocolate
del mercadona
(y encima les bajan el precio)

Guantazo
con la mano vuelta
a los alfajores
argentinos.


14 febrero 2017

Lo que no le dijo.

Sus manos parecía sucias, pero no lo estaban. Movía nerviosas un cigarrillo entre los dedos. Podría haber sido la etiqueta de un yogur, o un trozo de papel cualquiera, pero era un cigarrillo. El objeto que pasaba de una mano a otra, de un dedo al otro, era un cigarrillo.

Ella observaba.

Él dijo. A veces no hay que sonreir. A veces está bien no sonreir.

Ella observaba esas manos que, sin estarlo, parecían sucias. Seductoramente sucias.

Ella pensó. Cada sonrisa es una victoria consumada.

Él encendió el cigarrillo.






05 julio 2016

Hermita de San Guillermo y una campana

Ruta circular y corta. Quien la publica en internet hace un elogio de los paseos calmados, tranquilos. Dice que en algún de la ruta se visita una hermita. Nunca me interesaron las hermitas, en cuanto a lo arquitectónico se refiere (soy un producto de la E.S.O) pero el resto de la oferta me interesa: paseo tranquilo, corto y circular visitando un lugar con una energía especial.

Pongo la ruta en el móvil. Pero, como no conozco Fisterra, prefiero utilizar el GPS de los pueblos para encaminarme. La segunda persona a la que pregunto me dice que hermita allí no hay. Que San Guillermo no existe. Que allí nada más que hay la iglesia que tenemos de frente y un faro, el faro. 'Y se va por aquí'. En ese momento me doy cuenta de que no he podido elegir mejor ruta.

Cojo la carretera, según me indica el tercer lugareño, y después, mano izquierda, mano izquierda. Con ayuda del mapa de Wikiloc decido perderme en la primera intersección que pillo. Aún no se ha inventado la ruta que yo pueda seguir sin perderme, así que 'tampoco la voy a inventar hoy', pienso. Dejo la pista asfaltada y tomo un camino pedregoso, húmedo, lleno de vegetación a los lados y, más a los lados, bosque. Bosque de pino y algún eucalipto oloroso.

Me cuesta abandonarme a mis pasos, me cuesta apagar la cabeza, así que comienzo a agradecer a cada planta, a cada bichito, a cada árbol que me cruzo su presencia. Gracias, gracias, gracias. Lo bueno de ir sola es que puedo decirlo en alto (sin que nadie me juzgue). Gracias, florcita linda. Gracias, árbol hermoso. Gracias por acompañarme en este camino. Gracias por estar ahí. Y así, a través de la voz en alto, las flores, los árboles, los bichitos se enteran mejor de lo que digo y, así, a través de la vibración, los nubarrones se espantan de mi cabeza y mi atención se posa directamente en cada flocita amarilla, la de pétalos más largos y más comunes, la de pétalos alargados con motas naranjas, las moradas, primas del cardo mariano, los abuelitos, las azules-moradas chiquitísimas que crecen a ras de suelo. Las capuchinas rojas (ah... Me encantan!), las trompetas moradas, las espigas con forma de larva... saludo también a las zarzas con mis espinillas y les agradezco que las arañen con tanta suavidad. Y me sonrío como la niña traviesa que soy, porque cuando llegue a casa tendré 'heriditas de guerra'.


Un sonido detiene mi marcha. Una campana. Desde que hice el curso de Mindfullness (casi) siempre que oigo una campana me paro. Me paro y respiro tres veces. Y después, continuo mi camino. Esta vez, la campana vuelve a sonar después de cada tres respiraciones profundas. Así que permanezco ahí un rato obedeciendo el mandato de la campana.

El silencio de mi parar me conecta con los pájaros. Los del bosque, más cerca, que se mezclan con el sonido de las gaviotas, más lejos. Sonrío. Me siento presente. Abro los ojos y me veo rodeada de naturaleza por todos los flancos. Nada más allá de mi ropa me recuerda de donde vengo. Tong.

Después, continuo caminando con la campana sonando cada tres respiraciones profundas. ¿Cómo puede ser que antes no la oyera? Quizás comenzó a sonar justo cuando yo apagué la cabeza. Aunque lo más seguro es que ya estuviera sonando antes y yo no la oyera por tener los pensamientos nublados. Esas cosas bonitas pasan. Pero te las pierdes por tener la cabeza nublada, no es habladuría zen.

Sigo el 'camino' hacia arriba. De pronto, como realmente no voy a ningún sitio, me paro y me siento en una roca. Y observo. El sendero flanqueado por pinos y detrás la bahía, el monte al fondo rasgado por las carreteras, la playa blanca y aqui, abajo, las barcas amarradas, los tejados naranjas, la lluvia cayendo sobre mi piel arañada (y la claraboya del cuarto abierta) y las campanas de fondo. Tong.

Una mariposa negra y naranja vuela sobre mi cabeza y viene a posarse sobre mi rodilla izquierda.
- ¡Hola, bonita!- le digo alegre.
Y sea va. Tong. Yo también.

Al volver observo con más atención que antes, curiosa, pequeños grupos de gotas de agua reunidas, suspendidas a poca distancia del suelo. Las observo y pienso 'matrix', ¿porqué no caerán esas gotas al suelo, o a las hojas como todas las demás? Observo un poco más y descubro una telaraña debajo de ellas. Es bonito observar esas reuniones de más de 20 gotas desobedientes, ahí, sin haber hecho la comunicación pertinente a Delegación de Gobierno. No se si aquí la ley mordaza aplica... Tong.

Deshago el sendero salvaje y vuelvo de nuevo a la ruta que promete, así decía un cartel, llevarte a la hermita. ¿Existirá o no existirá? El camino está cómodo para pasear, también para ir en coche. Es ancho y es de grava fina, aplastada. Es fácil de caminar porque no requiere que vayas mirando al suelo a cada paso. Es el camino ideal para ir acompañada de alguien que procure una charla tranquila, de esas que animan a arrastrar los pies con las palabras, a dejar caer las caderas bien a un lado y a otro, como estrenando falda. Es un camino hermoso, rodeado de vegetación y sin embargo, está vacío. En mi camino a la hermita solo me cruzo con una pareja y un perro. Llevan exactamente ese ritmo de conversación y de caminar. El resto de la gente está subiendo y bajando al faro.
De pronto el camino se bufurca a la izquierda y unas marcas hechas con una llave o con una navaja, estilo compadre, te indican que es por ahí que se llega a la hermita. Así que sigo por ahí. A escasos 50 metros me recibe un buen conjunto de rocas, gordas, con cierto color de líquenes, bellas, bien puestas, redondas, preciosas. Y un cartel explicativo. Lo leo. Aquella mujer tenía razón. Hermita lo que se dice hermita allí no hay. Hay restos de lo que fue una hermita destruida en el siglo XVIII y que antes fue un lugar de culto pagano al Sol y a la fertilidad. Dice que en un roca antropomorfa venían las parejas estériles a concebir criaturas. 
Ahora que ya no suenan las campanas me subo a un roca y medito. La vista es hermosa, así que antes de cerrar los ojos miro bien todo ese mar de frente, siento esa roca debajo y observo la que creo que es esa roca de la fertilidad. Pienso en lo bonito que sería ir allí a fertilizar. Cierro los ojos y respiro. Antes de irme siento una especie de respeto que me impide entrar al recinto, queseyo, pero finalmente entro. Recorro los restos de los muros de aquella hermitita, observo la piedra y casi a punto de irme, descubro bajo la roca grande ramos de flores silvestres. Me conmueve la imagen. ¿Quién dejaría aquí esos ramos? Quizás parejas que no pueden tener hijos, quizás parejas metidas en tediosos procesos de adopción, peor aún para solteras, quizás alguna mujer a quien la fecundidad in vitro no le funcionó, quizás alguna mujer después de haber sufrido un aborto, quizás un padre a quien unas leyes o una mujer injusta le apartaron de su hijo. Hay tantas historias rotas...
En facebook solo salen las historias bonita de maternidad. La vela de su primer cumpleaños, las vacaciones en el mar... ¿Quien se acuerda de las historias que quedaron atrás, escondidas? ¿Quién? Eso pienso cuando pongo rumbo a casa de vuelta. Eso y que quienes tienen retoños se tomen el tiempo de respirar y de sonreir. De dar gracias. Porque para eso la vida nos es dada.