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28 abril 2025

Nuestro apagón en Gamonal

La autoridades anuncian que no debemos coger el coche salvo extrema necesidad. 

Y yo, la verdad, creo que es bastante necesario ir a sacar a mi abuela de casa. 

Así que eso hago. 

(después me doy cuenta del cristoferrobinson que es conducir sin semáforos y aparco en cuantito puedo)


Hago un poco de yogap a lo loco, sin guía ni nada. 

Como un bocata de jamón con tomate. 

Y sobras del ramen de ayer, también.

Y me voy a buscarla, Miguel conmigo.


Así, como cuando estábamos en el pueblo. 

Entrando en el portal sin llamar.

Tocando la puerta de casa con los nudillos. 

toc toc toctoctoctoc toc

como hacía de pequeña

inventando ritmos con cada intento. 

Viendo la espera de no ser abierto en el mismísimo momento como una oportunidad

de inventar un nuevo ritmo

o disfrutar del anterior. 

toc toc toctoctoctoc toc

toc plafplaff plafff toc (este es Miguel)


Pegar un grito pelao porque la abuela no viene a abrir. 


- Abuelaaaaaaaaaaa

- Abuelaaaaaaaaaaaaaaaaaaa (este es Miguel)


Y oir retumbar el sonido de nuestras voces por todo el portal. 

Creo que somos los únicos a los que nos hace gracia esto a la hora de la siesta.


- Abuelaaaaaaaaaa

- Abuelaaaaaaaaaaaaaaaaaaa (este es Miguel)


toc toc toctoctoctoc toc

toc plafplaff plafff toc (este es Miguel)


y nada. 


La abuela se tomó ayer dos lexatin 

por un dolor de garganta rancio que tuvo y anda despistada. 

No sabe si es la chica de la mañana o la de la tarde que llama. 

Y en cualquier caso le da igual. 

No quiere salir a la calle porque hace frío. 

Así que pasa pepinillos.


Al bajar las escaleras, 

un vecino le da la mano a Miguel para ayudarle a bajar las escaleras. 

Y eso le arranca una sonrisa que creo que aún le dura. 

Amo la magia de los eventos solidarios fortuitos.


Lo que no sabe mi abuela es que afuera del frío del portal hay

un sol radiante 

un mundo sin ondas

y la tía Manoli subiendo escaleras arriba con la radio a cuestas. 


Así que volvemos a buscarla.


En la tarde del apagón

apagamos la prisa

las conspiranoias

apagamos a las tres mujeres que desde el banco de al lado nos están haciendo un chaleco

apagamos la maldad

también a la madre esa que me mira mal y me insulta en su idioma

apagamos la memoria de lo que era Gamonal

y nos abrimos a lo nuevo: 

ser los únicos nativos del barrio. 


El sol de la tarde.

Miguel y su nueva bici chospando. 

Su nueva amiga: SaraMaria, preciosa. 

(y su apellido impronunciable)

Sus decepciones y ostias, también. 


Encendemos la gratitud de entrar a un eterno bar Africa y encontrarnos unos calamares de la mediodía listos para nosotros a la hora de la cena. 

- Qué suerte tenemos, ¿te das cuenta? - le digo a Miguel. 

Celebramos brindando.

Él con su agua con gas. 

Yo con una cerveza milagrosamente fría. 

Y el asiente con la cabeza varias veces 

(de todos es sabido que los niños no pueden asentir una sola vez con la cabeza)



Nos encontramos con Rafa y descubrimos que somos vecinos dobles: de Gamonal y de Valdorros. 

Es hermoso, sentirse siembre habitando un barrio. 



El del bar África, que tampoco es de aquí, no sabe que a la gente de Gamonal nos importa poco si hay luz o no, siempre que le cerveza esté fría. Así que su idea de cerrar se ve seriamente truncada por la sed del barrio en un día de calor.

- ¿Y cómo se llamaba tu abuelo? - me pregunta Miguel. 

- Justi se llamaba - le respondo. Ya murió. 

- ¿Y ahora cómo se llama? - vuelve a preguntar. 

Recogemos a papa en el conser. 

Comentamos con el profe de violín lo especial del día de hoy. 

Lo especial de comer bocatas y cosas frías. 

No sé.

Lo especial de sentirse vivos en un apagón. 

Digo yo.


01 diciembre 2024

Yin yoga maternal

Despiertas de la siesta en el coche. 
Solo una hora- me extraño. 


Te ofrezco un cuadradito de chocolate (sin azúcar) para remontar el ceño fruncido que se te ha quedado. 
Pero cometo el grave error de separar los dos cuadraditos. 

y... ¡eran juntos!

- Yo quería juuuuuuuunnnnnnntooooooooooooossss. 

El labio inferior se te da la vuelta, la boca se abre, las lágrimas brotan. 

Estás desconsolado porque ya no hay más que esos dos cuadraditos separados y...

- Yo quería juuuuuuuunnnnnnntooooooooooooossss. 

En fin. 

Está claro que te has levantado truncado de la siesta. 

Te acojo en mis brazos, sentada en la escalera de casa. 

Respiro profundo en la postura. 
Atravesando con mi presencia
el martilleo de tu llanto
en mi timpano. 

Respiro. 
Me calmo.
Y te calmas.

Pero, después de unos minutos en la postura, siento frío. 
Y decido ir a la butaca de arriba, donde, sin duda estaré más calentita y cómoda. 

Pero eso te parece horrible. 

- ¡¡Allííííííííííííií!!

Se vuelve a detonar tu llanto a través de tu petición desconsolada de volver 

- ¡¡Allííííííííííííií!!

Vuelto a respirar profundo. 
Yo no quiero volver allí porque me enfermaré de puro frío. 

Intento pensar alguna idea grandiosa para sacarte de ese estado, pero no se me ocurre. 
La situación es tan límite que decido no hacer nada. 
Me voy a hacer pis al baño. 
Y acudes a mi lado. 
Tu desconsuelo busca mis brazos. 
Te los doy. 

Mientras hago pis
te acuno a un lado y al otro. 
Respiro
Meo
Te acuno. 

Estoy tan aliviada de que te hayas callado y quedado tranquilo que no quiero ni mirarte. 
Ni te piro. 
Solo respiro. 
Y te acuno desde la taza del vater
a un lado y otro
sintiendo la apertura de mi ano. 

Cuando me quiero dar cuenta, te has dormido otra vez. 
(claro, una hora era poco, ya decía yo)

Lo último que quiero es despertar a tu fiera con movimientos extras...

Así que así, tal como estoy, me levanto. 
Con los pantys y las bragas bajadas. 
Contigo en mis brazos, 
tu cabeza del lado derecho. 
Y subo la escalera. 

Llego a la camita y te tumbo. 
Mis brazos debajo de tu cuerpo. 
Mis pantys y mis bragas enroscadas en mis piernas. 
Rodillas flexionadas, 
culo desnudo en pompa, 
llevo la cabeza hacia la izquierda, 
(no sea que mi aliento te moleste) 

Y respiro en la postura, 


respiro y me rindo, 


respiro y me rindo, 



respiro y...



...cuando siento que ya moverme no comprometerá tu siesta, 


salgo de la postura, 


retiro mis brazos de debajo de tu cuerpo, 


me incorporo lentamente, 


subiendo vertebra a vertebra, 
y... 

vuelvo a subirme los pantys, las bragas. 


Recobro mi dignidad con una última respiración lenta.

 

Y sigo con la tarde adelante. 



22 noviembre 2022

Y nadie habla de los cielos de Castilla

La tormenta y la noche 
caen sobre el cielo azul 
a partes iguales. 


Debajo de lo oscuro  
queda el brillo casi fosforito al contraste 
de lo que fue el día 
ya noche 
de hoy. 

Apenas unos cuantos pasos 
200 o así 
me separan de la magia. 

El lugar en el que las farolas se apagan
y donde se encienden el cielo, las estrellas, las nubes, los pájaros,
lo que haya 
(lo interesante siempre es cambiante) 

El lugar en el que se dibujan 
sombras coloreadas en naranjas, morados, azules... 

Casi siempre a la derecha del paisaje, 
detrás, aún detrás de los chopos y los campos y las lomas. 
Ahí. 

La calle está ventosa 
La calle está lluviosa 
La calle está contenta. 

Algo así dice la canción que hoy improviso para Miguel 
y el baile entre él y yo, 
siempre cambiante. 

Se ríe cuando le soplo en la cara 
después de ventosa 
también cuando hago el chas chas 
de la lluvia 
y explota de alegría cuando levanto los brazos 
hacia arriba contenta. 

Ya quiere dormirse 
por eso salimos 
para no tener 
yo 
la ansiedad de que se duerma 
para poder borrar 
yo 
la espectativa de que algo ha de suceder. 

Y él 
observar la calle, el viento, la lluvia y la alegría del mundo melancólico. 

El camino está resguardado del viento, 
pero hoy siento la llamada de ese claro, 
en lo alto, 
de esa rendija de día queriendo escaparse de las sombras del cielo y de la tierra. 

Yo también quiero escaparme de este camino 
que he recorrido ya tantas veces, tantas noches, tantas siestas. 

Yo también quiero ser magia, novedad, misterio. 
Así que subo la cuesta hasta la tierra rojiza, ya apagada. 

Mis botas adivinan el paso al tacto 
sintiendo el hundirse de mi peso 
en los surcos arados 
por esas máquinas gigantescas. 

La vista es distinta desde aquí 
la sensación también 
de pronto fuerte, valiente, incierta. 

Camino sin camino, tierra a través, errante, 
siguiendo tus movimientos de cabeza 
buscando las luces 
las farolas de la calle al lado 
las luces rojas del fondo los molinos 
no sé. 

Has tirado el gorro al suelo 
a veces lo haces, 
hoy es un día en Burgos en invierno 
y el frío y el viento cortan 
la piel 
las manos. 

Así solía ser. 
(Ahora ya no tanto) 

Y bailo  jugando 
a que las orejas no se salgan 
de la capucha. 

Podría seguir ahí 
moviéndome como una peonza 
en la tierra morbida 
siglos. 

O ser abducida por una nave espacial 
las luces, los destellos, ese pájaro que levanta el vuelo bajo mis pies... 
es el escenario perfecto para que ocurra. 

Estoy lista. 
Álvaro tiene la cena lista. 
Estamos listos. 

Y lo pienso 
Y no me sorprendería que sucediera. 
Y de pronto siento miedo 
Pienso que tengo miedo 
pero observo mi cuerpo 
y no 
no tengo miedo 
Estoy llena de mi 
llena de tierra 
llena de cielo 
llena de ti, 
vida. 

En un lugar así Ra escuchó a la voz 
7 días de download 
y después 
siempre esa voz susurrándole el Diseño Humano. 

El Richard Rudd también tuvo su download. 

Y yo el mío. 

La tarde del 19 de diciembre de 2021 
después de 40 horas 
el cuerpo se abrió 
desde dentro 
desgarro natural y 4 puntos de sutura 
(y eso es lo de menos) 
para que vinieras a esta tierra. 

Y de estos downloads nadie habla. 
De la conexión cielo tierra 
de ese grito 
nadie ha reportado nada. 

¿Sabes? 
No te quiero más que a Homai o que a Nalur 

Ni una pizca más que a cualquiera de esos niños, bebés, toddlers 
a los que he cuidado. 

Contigo es distinto, está claro. 
Te doy teta, duermo contigo. 

Pero siento la misma cosa por ti que por ellos. 
La misma misma. 

No eres mi hijo. 
Eres hijo de la vida. 
Y yo solo el canal de descarga. 

Eres especial y único, 
como todos ellos 
y por eso te amo y te admiro y me maravillo de verte. 

Ojalá sintiera lo mismo por los demás humanos. 
Ojalá los demás humanos no fueran réplicas baratas de otros humanos. 

Ojalá esa nave nos llevara para romper así la rutina de la semana. 
La maternidad 
a nadie le importa 

tampoco nadie habla de los cielos 
paranormales 
de Castilla.

05 marzo 2022

Buenas noches, Miguel

Saco tu cuerpo del mío. 
No exactamente esta vez. 
Sí, te saco de ese fular azul que encarama tu cuerpo: abierto, al mío: abierto al tuyo, también. 

Deshago los nudos, desenlazo los metros de tela y te poso con cuidado en la cama. Sigues en ese duermevela precioso que hace que tu mano derecha se mueva en círculos como las aspas de un ventilador. La izquierda sujeta la chupeta azul. Pareciera que la sujetas, que la agarras por el mango, también, aunque los expertos digan que eso es imposible. Y, de hecho lo es, es imposible que hagas algo parecido con otro objeto o en otro momento. Pero sí ahí, en tu intimidad, con tu chupeta, en tu estar dormido despierto o al revés. 

Te observo. 
Mi pecho derecho rebosa leche. 
Lo observo. 
Mi pecho derecho está inflamado de leche, duro, casi plástico. Falta poco para que me reclames. Y así es. La chupeta se escapa de tu boca y empiezas a emitir pequeños gemidos, quejidos sutiles pero inequívocos. Mamá está aquí. 

Entro en la cama y, levantándote, te coloco en mi regazo. Me doy cuenta de que tendría que empezar a informarte antes de cogerte en volandas. Si. Son muchas cosas las que hay que tener en cuenta, pero todas son importantes. Es hermoso aprender contigo, que haces todo tan fácil. El otro día, entraste sonriente en el quirófano. Sin duda Rosa tiene razón cuando dice que los Bebotes sois fuertes. Si lo sois. Y seguramente es así porque sólo os ocupáis de sobrevivir. En el sentido más virtuoso y expansivo de ello. Sobrevivo y, si lo logro, sonrío. Punto. 

En tu caso, además, tienes un cuerpo que funciona bien. 
Que expulsa los gases con Alegría y facilidad. Si se atascan pides ayuda y en un santiamén se liberan. 
Por hacerlo fácil, casi ni haces caca, de modo que no hay que limpiar, ni cambiarte tanto. Lo haces muy fácil. Y por eso y por tu calma y presencia serena te agradezco tanto, tantas veces. 

También ahora, cuando nos preparamos para otra noche mágica tu y yo solos esta vez. 
Tu y yo infinitos, navegando juntos aquí y en el mundo de los sueños. 

 Buenas noches, Miguel.

20 diciembre 2020

Reverdezco

Adoro la luz de lluvia
difuminada
entrando en la habitación.

Tus ojos temblando
de asombro
la niebla en el valle
y ese silbido
que nunca habías hecho
y nunca más podrás repetir.

A veces la vida me
cansa
me cansa el apego al dolor
en la vida
las ganas de problemas
me cansa
la no vida
la adicción a la sombra
a la oscuridad del alma por norma
ser testigo de eso
sostenerlo
o cruzarme de brazos.

O ir contra la cortina
Ir.

Atravesar la niebla del valle
a zancada limpia
rezar
para que paren de llover
lamentos.

Para para
para que pueda
admirar tu belleza
sin fruncir
el ceño.

Para para
para que me arrodille ante ti.

Para para
para que mis palabras 
bienintencionadas
vuelen y se eleven 
con los buitres.

Para para
para que mis manos 
puedan ser 
alimento 
para los desesperanzados.

Para para
y abriéndose el cielo
recuerdo que
aún 
Aún
hay tiempo
para el brillo del alma.

Ser una con todo
y recordar:

No hay tiempo
circular
para lamentos
estériles
en la tierra fértil.

Recojo tu temblor
lineal
en mi vientre
estrellado.

Me maravillo
con la belleza
de lo fácil
en este hotel
de sábanas blancas.

Y tu cuerpo
desnudo
frágil
estirado
al alba

12 noviembre 2017

Ir al Ausangate

Llegamos a la plaza de armas de Ocongate. La típica plaza de armas. Banquitos, jardincitos, las mamitas hilando o tejiendo o vendiendo mate, maca, quinoa, cosas, hombres haciendo casas de adobe, hombres mirando el horizonte y una estatua siempre horrible en el medio. En este caso, una estatua de homenaje a los Ukukos de Qoylloriti, las personas que se juegan el tipo una vez al año para coger un trozo de hielo de la montaña del Ausangate, uno de los Apus sagrados de la cultura inca.

Hemos ido hasta allí para conocer a Carlos. Una persona que nos puede ayudar a adentrarnos en la cultura inca, según nos han dicho. Carlos nos explica con pocas palabras lo que hace. Limpieza. Despacho. Hojas de coca. Si. A tanto cada cosa. Le pregunto si eso sirve como iniciación al camino inca. Y me responde cualquier cosa. Tiene que volver a trabajar. Y nos dice que le llamemos en tres horas si es que queremos hacer algo con el. Carlos tiene los ojos amarillentos y aspecto poco aseado. Lleva una gorra azul celeste ya casi blanca y ropa viaje, sucia, rota. En los pies, unas ojotas, las típicas chancletitas andinas. No es lo que busco, tampoco me da buena impresión. Apenas me mira a los ojos y no me responde lo que le pregunto, pero de alguna forma siento que es con él con quien voy a conocer el Ausangate. Es curioso.

- ¿Cuanto dura eso? - preguntamos.
- Dos días - dice.
- Entonces, ¿dónde dormiremos?
- En casa, normal- dice.
- Vale, pues después te llamamos.

A las 5 estamos caminando hacia su casa. Treinta minutos de caminata por la carretera y unas chispitas de lluvia. Viramos a la derecha, a la altura del puente y caminando entre tímidos cultivos esta su casa. Su proyecto de casa, de adobe, a medio hacer y otra estancia. Allí esta su compañera, Julia, una mujer menuda de trenzas negras anudadas a la espalda que me abre los brazos con una sonrisa y una mirada limpias. Esta sentada en una piel de alpaca en un suelo de tierra. Tejiendo. A su izquierda una pequeña cocina de leña ennegrecida y a su derecha un catre, en el que nos sentamos mi compañero Roni y yo. Ella solo habla quechua. Así que para su facilidad Roni me hace la traducción. Yo me acomodo al ritmo andino y observo las pausas infinitas entre una pregunta y su respuesta o entre una frase y otra. Es como si estuvieran pensando la respuesta, aunque en realidad no. Hablamos. Les decimos que quiero hacer la lectura y el despacho y negociamos el precio. Carlos lo consulta con Julia. Normal, dicen.

Las hojas de coca dicen que estoy preocupada. Por que estoy lejos de mi casa y por mi familia. Lo cierto es que desde que llegue a Perú (hoy se cumple una semana) no he logrado dormir bien y mi cuerpo suelta espasmos cuando me tumbo. Eso ocurre a pesar de estar feliz de estar aquí y de haberme sentido super bien acogida. Es curioso. De mi familia me preocupa mi hermano y las hojas de coca recomiendan hacer un despacho por el también. Y a mi me recomiendan una limpieza. Así que eso haremos.

Julia se pone a cocinar una sopa a base de patata, caracolillos de pasta y algunas especias. Y, mientras, interactúo con las pequeñas Luz Marina y Jennifer, sus hijas de 8 y 7 años, y Daniel, su hijito de 6. Cantamos muchas canciones y jugamos a algún juego. Nos reímos mucho. Solo ese momento ha valido mi vista al Peru.

A la hora de dormir, las niñas dormirán en el catre con sus padres y nosotros, Roni y yo, compartiendo cama en otra estancia de paredes de uralita con sus dos hijitos. El baño es un retrete en mitad del campo en mitad de una 'u' de piedra con puerta de plastiquito. Y el único agua corriente es un grifo que cae a un balde enorme. Aunque eso lo supe al dia siguiente.

Aunque mi cuerpo esta seguro de que este es el camino, mi mente no para de bombardearme con estupideces. No se si este hombre sera un verdadero paqo, sacerdote de la tradición andina, pero me alegro de colaborar con la economía de esta familia. Y pensando eso, acallo a la mente momentáneamente.

 Nos despertamos a la mañana siguiente, desayunamos maca, quinoa y bocadillitos de aguacate, queso y huevo, compramos los despachos, el vino, las hojas de coca, el agua y partimos para Pacchanta en el taxi de Vicente. Vicente es un hombre de piel andina, roji negra, pelo grasiento aplastado a un lado y sonrisa amplia y conduce un coche de maletero amplio en el que llegan a entrar dos mamitas con sus polleras de vuelos amplios y sus sombreros de copa, dos hombres y un niño, que va recogiendo en los pueblos por los que pasamos. Todos se bajan un poco antes de llegar a nuestro destino. Por lo visto, era dia de asamblea en la comunidad. De pronto el paisaje deja de mostrarnos mujeres vestidas al modo tradicional con las polleras de volantes, las chompitas de lana y los sombreros de colores anudados a la barbilla con tiras de bolitas blancas, para empezar a mostrarnos llamas, alpacas, vicuñas y suris. Por momentos, solo estamos los animales y nosotros, en ese coche. De pronto, entramos en la zona del Ausangate. El cartel dice que hay que pagar 10 soles (3 euros) pero Vicente no para el carro. Con la ventanilla bajada, sin parar, dice. 
- Peruana, es. Peruanos todos. No te miento, no.

Y yo, ahí, mirando a través de la ventanilla al hombre con mis ojos verdes y mi pelo clareado de la temporada en Ibiza. Y pensando que, al menos, no se me ve de pie. Tronchada de la risa por dentro. Porque realmente no me puedo sentir mas guiri. Yo ahi la unica blanquita, rubita, de ojos claros con mi ropa de treking del decatlon, entre tanto paisaje humano andino de tejidos coloridos y mejillas quemadas por la montaña.

- Peruana es.

Y seguimos el camino, tronchados de la risa. En un momento del viaje Carlos me confiesa que 'contento estoy' de venir al Ausangate con nosotros. Y ese es el clima del viaje, alegre, con las subidas y bajadas de las mamitas al carro, el simpa en la taquilla del parque y la conversación alegre de los quechua hablantes mientras yo observo todo.

Por fin llegamos. Carlos y yo comenzamos a caminar en lo que Roni termina de acomodar las cosas en la mochila. Nos esperan tres horas de caminata hacia las faldas del Ausangate, el Apu (montaña) sagrado por excelencia de la zona de Cusco. Sus cumbres, siempre nevadas, son fuente de vida, de agua, de alimento para la tierra, para el ganado, para las personas. Y, por eso, una vez al año se hace una peregrinación hasta sus cumbres en busca del hielo y, por eso, las gentes de la zona, practicantes de la tradición inca, van allí a hacer sus pagos a la tierra, sus ofrendas en forma de animal o alimentos, para agradecer y para pedir aquello que se necesite. Aunque eso, cada vez, se hace menos.

Y ahí estoy yo, europeita de bien, yendo a hacer mi primer pago a la tierra. Por mi y por mi hermano. Comenzamos a caminar. Estamos a mas de 5.000 metros de altura y la sensación de ahogo no tarda en llegar a medida que subimos cada tramo. Es exagerado. Tengo que parar a cada poco para recobrar el aliento.  Mientras vamos descubriendo que Carlos nació en Kiko, un pueblo de la nación Q'eros, mientras nos vamos dando cuenta, con la razón, que hemos hecho bien en venir con él al Ausangate, yo no puedo para de pensar en que no lo voy a conseguir. Ellos siguen hablando y caminando alegres y yo, en cambio, no puedo desviar la atención de cada uno de mis pasos, de mi respiración, de mi vida y la de mi hermano. Cada inhalación es un triunfo. Me pregunto cuantas inhalaciones habrá en tres horas de camino. Creo que no lo voy a conseguir. Pero no me permito pensarlo demasiado. Llevo mi atención al tercer ojo, invoco a todos mis dioses, guías y seres queridos. Paro. Masco coca. Al poco la tiro, porque siento que me distrae mas que me ayuda. Lloro. No creo que lo consiga. la altitud me aplasta el pecho y, literalmente, no puedo respirar. Lloro. Por mi vida y por la de mi hermano. 

Creo que no voy a llegar mientras Carlos y Roni siguen son su runrún. 
- Mira, un conejo.

Y se paran. Y me paran para que observe un conejos salvaje. Tardo como unos 3 minutos en conseguir que mi respiración no suene como un parto. Realmente me importa una mierda el conejo salvaje, pero la parada me viene bien. 

- Hay que ir más despacio- dice Roni. 
- Despacito no mas - dice Carlos. 

Y yo decido dejarles con su charla atrás y sus paradas para ver cosas y yo seguir con mis pasos, con mis respiraciones, con mi tercer ojo, con mis mantras, con mis lágrimas. Al poco Carlos me alcanza. Le pido que cante algo. Y así lo hace: canta y silba las canciones que se cantan cuando se va al Ausangate. Y como lo agradezco. 

- Bonito es - dice Carlos.
- Muy bonito - le digo. 

Llegamos a la laguna donde haremos el pago a las dos horas, una hora antes de lo previsto. No entiendo porque hemos venido tan rápido. Comemos algo y empezamos a preparar el despacho: hojas de coca, azúcar, legumbres, cereales, dulces, muchos dulces, vino, agua y un alcohol que no conozco. A cada alimento a cada componente del despacho se la pone una intención. Y eso hacemos. Empieza a hacer mas frío, los dedos se empiezan a poner morados y el cielo empieza a tronar. 

- Se viene el Apu - dice Carlos. 

Nos apuramos a hacer el despacho, como mejor podemos, peleando contra el viento para que no descoloque el orden de Carlos. Por fin terminamos y Carlos me limpia apresuradamente con el agua de la laguna. 

- Ya esta. Ya esta - dice mirandome a los ojos. 

Y empieza a nevar, granizar.

Yo salgo corriendo de vuelta a Pacchanta y Carlos dice que se tiene que quedar. A enterrar el despacho. Yo salgo muy deprisa, con la ropa mojada por la limpieza. Pronto el paisaje se vuelve blanco. De pronto temo perderme. No poder ver el camino. Miro atrás. Estoy sola. No se donde esta Roni. Tengo mucho frio. La cara helada. La ropa mojada. Por fin aparece Roni. Me adelanta. Y intento caminar lo mas rápido que puedo. Y eso hago. Hasta que mi bota resbala con una roca y mi muslo derecha cae sobre otra roca picuda. 

- No te levantes- dice Roni.

Habría sido imposible hacerle caso. Mi mano estaba en un charco y la pierna estaba encima de una roca ¡puntiaguda! me incorporo con tremendo dolor e intento seguir caminando, pero no puedo. No puedo. 

- De este lado del camino... - oigo a Roni. 

Me doy la vuelta mirando al Ausangate y empiezo a llorar como una niña. Habría llorado mucho mas fuerte, con mas gritos, con mas liberacion si no hubiera sido porque Roni estaba al lado mio, mirándome, supongo, sin saber que hacer. No se si estuve llorando un minuto o una hora. Realmente ese fue un momento fuera del espacio y del tiempo. Yo, el ausangate, mis lagrimas, mi vida y la de mi hermano. Cuando por fin me sereno, me vuelvo a Roni y le pregunto que decía. Me dice que nada moviendo la cabeza a un lado y a otro. 

Seguimos caminando de vuelta y poco a poco el camino se va haciendo mas amable, el cielo va abriendo... 

- Si quieres podemos pedir una llama para que te lleve - sugiere Roni en un punto del camino en el que hay llamas. 

Yo me pregunto cuantas mas sugerencias absurdas es capaz de formular.  

Al poco nos reencontramos con Carlos, que viene como si nada, caminando con sus chancletitas andinas. Nuestros pies, los de Roni y mios estan llenos de barro, y las piernas salpicadas de barro, de agua. Los pies de Carlos están tan normal y su ropa, limpia, libre de salpicaduras. Observo su caminar de puntillas. Y me pregunto cuantas caminatas parecidas a esta habrá librado ya, bajo la lluvia, bajo la nieve, con sus chancletitas. Es impresionante comos sus pies pequeños van encontrando siempre el mejor paso en el camino, el firme, el que esta libre de agua. Es un q'ero. Se ha criado así, en la naturaleza, con un poncho, un chullo de colores vivos y unas ojotas. Es una de las pocas personas transmisoras de la tradición inca. Es un honor compartir el camino con el, con su mirada limpia, con sus pies pequeños y con su cuerpo desnudo y sonriente en las termas de agua caliente que nos esperan en Pacchanta. 

Me quito la ropa, observo el bulto de la pierna derecha. Introduzco un pie y el otro en el agua, sumerjo mi cuerpo. Observo las alpacas a mi alrededor, la montaña, el verde amarillento del terreno, la mamita de fondo y digo: 

¡Viva Peru!

Despues vendria Vicente a recogernos.
Al dia siguiente me despediría de Roni. 
Hasta mas ver.




* Perdon por las faltas de ortografía. No se como poner acentos, hoy. ;)

11 abril 2014

Escena en #OccupyIbercaja

Se abre la puerta. Una mano saca un papel - un folio - y se lo da a una mujer. La puerta se cierra.

- Ya habéis conseguido lo que queríais, ¿no? - dice el nacional alfa.
- No. Hemos venido a por la condonación de la deuda y nos ofrecen un aplazamiento del desahucio - dice la mujer.
- Entonces, ¿salís solos o tendremos que sacaros?
- Tendréis que sacarnos.
- ¿Queréis que os dejemos un rato más aquí?
- Si, así hacemos una asamblea o algo.
- Bien. A las dos en punto empezamos.

La mujer se sienta junto al fondo de la sucursal de Ibercaja de Gamonal, junto a Jose Antonio y otra decena de personas. Una de ellas dice: 'redes, redes' y desde su móvil llama a prensa. 'Si venís ahora llegáis a tiempo de grabarlo'- dice.

Antes de que den las dos, una pareja decide que no es momento de hacer gestiones de esa manera, con las luces de la oficina apagadas, todo el suelo lleno de papelitos y el megáfono en modo 'repeat' diciendo 'no nos vamos'. Meten los papeles en la carpeta y se van. Lo de Jose Antonio no va con ellos.

En su camino hacia la salida, se cruzan con más nacionales.

- Ahí vienen.

Ya son las dos.

- Había alguien con problemas en el hombro ¿no? - dice el nacional alfa.
- Si, yo tengo una discapacidad.
- Sería mejor que te fueras tú sola.
- No, yo he venido aquí con mi amigo y con mi amigo me vais a sacar.

Toman al primero por las axilas y tiran de él. Se levanta y sale caminando.

- ¡Así no! ¡Peso muerto, peso muerto! - le gritan.
- Estas baldosas resbalan, ¡déjate caer! - le grita otro.

Y así, como pesos muertos, no oponemos resistencia, tampoco les facilitamos la tarea, nos van sacando de la sucursal entre sudores, cargando con nuestros cuerpos, vivos, haciendo surcos entre los papelitos del suelo, dignos, arrastrando el culo por las baldosas.

El lunes volveremos.

* los diálogos son aproximados, obviamente no llevaba grabadora conmigo.