Esto es así: El sol de las machorras abrasaba las sienes.
El sol, ya de por si fuerte de este agosto abrasador, rebota en las montañas que nos rodean.
Así que no hay quien pare en la entrada de la casa.
Muevo lo mínimo indispensable a la sombra.
En mitad de un camino, porque el que casinunca pasa nadie.
Una silla para ti.
Otra para mi.
Los boles con avena y leche.
Y, después, un melocotón y un cuchillo.
Yo estoy de 28+ 2 no y tengo chicha para movimientos ni despliegues extra.
Tú tienes mariscada familiar con papá y llevas puesta tu ropa más piti.
El desayuno como gesta.
Voy encontrando en el murete de piedras espacio para dejar mi bol de cereales.
Para poder liberar las manos y cortar el melocotón que compramos ayer en el super de Espinosa.
Tremendo sabor.
Tu me pides también trocitos.
Así que te los pongo.
Mientras vas comiendo ya de lo que tienes.
Con la cuchara coges un poco de leche, un poco de avena.
Pero, por el camino, un poco de leche termina en tu pantalón piti.
Respiro por si fuera un hecho aislado...
pero no.
La segunda
y la tercera cucharada
tienen igual suerte:
Potencial mancha (a veces la leche se reabsorbe) en el pantalón piti.
Estoy en una encrucijada:
No quiero hacer movimientos extra: ir a por la mesa no es una opción cuando eres una morsa.
No quiero tener que darte el desayuno, porque yo ya tengo el mio y suficiente tengo con llevármelo a la boca.
No quiero que vayas sucio e informe a la mariscada familiar.
Miro alrededor.
Para mi suerte, has traído contigo el escudo de gomaespuma del tiger.
Te propongo usarlo como mesa.
Te sugiero ponerlo debajo del bol.
Encima de tu pantalón.
Y listo.
Accedes.
Pero colocas el escudo demasiado lejos de tu regazo.
Y la cuarta cucharada se convierte en potencial mancha en la zona de la bragueta.
No obstante la confianza en el poder innato de reabsorción de la leche,
te sugiero arrimar el escudo más a tu cuerpo.
Respiro maravillada de mi supina inteligencia.
Todo éxito tiene su peaje.
No sé porque extraño motivo
Al mover el escudo para tapar la bragueta
el tazón se desequilibra
pasando de contener la leche y la avena
a, ya, no contenerla.
La leche y la avena, claramente, tienen que buscarse la vida.
Así que optan por derramarse por todas tus piernas, calcetines, zapatillas y suelo,
tropezones de melocotón mediante.
Maldigo la adherencia de la gomaspuma del tiger
momentáneamente.
Observamos el cuadro.
Nos miramos muy callados y serios.
Con los ojos bien abiertos por la sorpresa del desenlace (con lo bien que íbamos)
se nos aprietan los labios y
nos descojonamos.
Así como con pedorreta inicial.
PPPPppfffffjajajajajajajaa
- ¡Vaya negocio!- pienso después de un buen rato de necesaria risa.
Y me levanto a por más avena.
A por más leche.
Y me rindo.
Ya comeré mi propia comida cuando sea mayor- pienso.
te doy el puñetero desayuno.
y, por no aguantar tu quejido,
limpio la gomaspuma de tu preciadísimo escudo
de los restos de leche
Que, maldición, aquí no se reabsorben...
...pero en tu pantalón piti, si.
Y cuando llega papá
sonrío victoriosa.
Solo nosotras sabemos porqué.
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